Caché (2005), de Michael Haneke.

“La conciencia hace que nos descubramos, que nos denunciemos o nos acusemos a nosotros mismos, y a falta de testigos declara contra nosotros”.

(Michel Eyquem de Montaigne)

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Georges (Daniel Auteil) y Anne (Juliette Binoche) son un matrimonio burgués que comienza a recibir cintas de vídeo anónimas en las que su domicilio aparece filmado desde el exterior. Al no haber indicios de delito, la policía se niega a prestarles ayuda. Sin embargo, el acoso que sufren irá en aumento.

¿Qué pensarían ustedes, estimados lectores, si uno de estos días, al entrar o al salir de sus casas, descubren que alguien les ha dejado un misterioso paquete sin remitente junto a la puerta, en el que unas cintas de vídeo contienen grabaciones relativas a su intimidad?

Caché, uno de los mejores trabajos del cineasta austríaco Michael Haneke, parte de una premisa argumental similar a la de Carretera perdida (Lost Highway, 1997), de David Lynch. En cierto modo, las dos películas reflexionan sobre el estado de culpa del individuo. No obstante, lo que en Lynch era un tenebroso y poliédrico descenso a los abismos de la mente humana, se convierte aquí en un ataque a la falta de conciencia burguesa, y a su incapacidad para asumir responsabilidades frente a las injusticias del mundo.

El filme se abre con un plano fijo de varios minutos que muestra la fachada principal del edificio donde reside el matrimonio protagonista junto con su hijo adolescente. El plano está tomado desde el interior de un callejón situado frente a la vivienda. Los títulos de crédito iniciales se inscriben sobre la imagen. Anne sale de la casa. A continuación, escuchamos su voz y la de su marido (en off). Parecen aludir a la misma imagen que están contemplando los espectadores. En realidad, ésta es sólo un fragmento de la primera cinta de vídeo que les ha sido enviada. Luego irán llegando las demás, acompañadas por dibujos extraños e infantiles, y siempre compartiremos con ellos su visionado. Su inquietud será la nuestra. Bajo tal amenaza se oculta un acontecimiento del pasado demasiado lejano para ser recordado. Una maliciosa traición que ahora busca venganza en forma de mala conciencia. Las grabaciones y los sueños de Georges (qué turbadora resulta la escena onírica del niño que cercena la cabeza de los gallos) conducirán a la incómoda respuesta.

La mayor parte de la acción, estructurada mediante planos secuencia y largos planos estáticos, se desarrolla en interiores de cuidada puesta en escena. Haneke prescinde de la música y el onanismo visual. La narración es tensa y directa. No hay golpes de efecto ni excesos melodramáticos. Los dos actores principales realizan una labor magnífica, especialmente Daniel Auteil. Y es que, aunque no se suela señalar a menudo, el autor de Funny Games es uno de los mejores directores de intérpretes del cine actual.

Con Caché, Haneke consigue lo que viene pretendiendo desde el comienzo de su carrera: remover la acomodada conciencia de sus espectadores. Brillante.

Nota: 8/10

Un comentario sobre “Caché (2005), de Michael Haneke.

  1. A mi parecer,es sin duda una de las más bellas metáforas del conflicto franco-argelino y de sus múltiples estelas dejadas en ambos pueblos, en la cual olvido,culpabilidad,violencia, venganza y demás son incrustados en unos cuantos personajes cuya conciencia es socavada.

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