La bruja (The VVitch: A New-England Folktale, 2015), de Robert Eggers.

“Los puritanos consideraban que su vida era una guerra, Cristo su capitán, la oración y las lagrimas sus armas, la cruz su bandera y su lema: el que sufre conquista”.

(John Geree)

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Nueva Inglaterra, siglo XVII. Una familia de colonos ingleses, formada por un matrimonio y sus cinco hijos, es expulsada de su colonia debido a las discrepancias religiosas del padre con el resto de la comunidad, lo que los obliga a instalarse en un lugar aislado de la región, cercano a un bosque donde se oculta un malévolo poder sobrenatural.

Estupendo y a ratos escalofriante debut tras las cámaras del joven realizador estadounidense Robert Eggers, quien partiendo de documentos históricos, leyendas populares y folclore de la época, elabora una inquietante película, mezcla de drama familiar y terror psicológico, que plasma con acierto el clima de fanatismo y fervor religioso característico de las comunidades puritanas procedentes de Inglaterra que arribaron al Nuevo Mundo con la esperanza de ver florecer sus vidas y evangelizar territorios inhóspitos. La cinta obtuvo el premio al Mejor director en el Festival de Cine de Sundance.

The VVitch: A New-England Folktale, está plagada de símbolos esotéricos asociados a la brujería (especialmente de naturaleza animal, como el conejo o el carnero), remitiendo por su opresiva atmósfera de religiosidad, culpa y pecado (el filme también muestra las dificultades de los modos de vida de los primeros colonos de Norteamérica) a La letra escarlata (The Scarlet Letter, 1850), de Nathaniel Hawthorne, y por su sobrio tratamiento visual, a la película Dies irae (Vredens dag, 1943), de Carl Theodor Dreyer, a las Pinturas negras de Goya (El aquelarre) y a los retratos de época del pintor barroco Frans Hals. La dirección de Eggers se caracteriza por el uso de planos fijos y movimientos lentos de la cámara (los travellings de adentramiento al bosque). Con una narrativa pausada, de claro matiz psicológico, La bruja va in crescendo en su progresiva inquietud hasta detonar en un clímax de angustia y paranoia casi insoportable. Tan sólo cabe reprocharle a la cinta cierta falta de ambivalencia en el tratamiento de la historia, puesto que la ambigüedad se limita única y exclusivamente al personaje de Thomasin (Anya Taylor-Joy), la hija mayor de la familia y principal protagonista de la obra (“la elegida”), decantándose en el resto del relato por una lectura sobrenatural. Por lo demás, destacar el excelente trabajo llevado a cabo por todo el reparto y la impresionante fotografía de Jarin Blaschke.

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Creo que no me equivoco si afirmo que nos encontramos ante la mejor película del cine de terror de los últimos años junto a Babadook (The Babadook, 2014), de Jennifer Kent, y The Lords of Salem (ídem, 2012), de Rob Zombie. Notable.

Nota: 7,5/10

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