La cosa (The Thing, 1982), de John Carpenter.

“La confianza es algo difícil de encontrar en estos días. ¿Sabes qué? ¿Por qué no confías en el Señor?”

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La Antártida, invierno de 1982. Los miembros de una estación científica estadounidense, entre los que se encuentra el piloto de helicópteros R.J. MacReady (Kurt Russell), descubren un extraño organismo de origen extraterrestre capaz de asimilar la forma de cualquier ser vivo.

Esta adaptación del relato Who Goes There? (1948), de John W. Campbell, que ya había sido llevado a la gran pantalla en 1951 por Christian Niby y Howard Hawks (este último sin acreditar como director) en El enigma de otro mundo (The Thing From Another World), constituye uno de los trabajos más redondos (quizá el mejor) del cineasta neoyorquino John Carpenter. Su logradísima mezcla de terror, suspense y ciencia-ficción, continúa siendo todo un referente dentro del género fantástico. Una obra de auténtico culto.

La cinta cuenta con un primer tercio magistral, donde el espectador se ve envuelto en una inquietante y gélida atmósfera de horror. El registro del arrasado campamento noruego por parte de MacReady y el doctor Copper (Richard Dysart) resulta, por ejemplo, verdaderamente escalofriante. Y ya no hablo de la primera erupción de la monstruosa criatura (esta película no es apta para estómagos débiles) en la perrera: para echarse a temblar. Hecha la presentación, como digo, de manera soberbia, tanto del contexto como de los personajes y el misterio (existe un organismo extraterrestre que ha permanecido congelado durante cientos de miles de años que es capaz de emular la forma de cualquier ser vivo mediante la absorción del mismo), Carpenter y su guionista, Bill Lancaster (hijo del mítico actor), se centran en la tensa y desconfiada relación que se establece entre los distintos miembros de la estación (todos hombres), ubicados en un marco aislado a la vez que claustrofóbico. Porque si “esa cosa” posee la capacidad de asumir, de un modo idéntico, cualquier forma de vida, incluida la humana, ¿cómo puede estar uno seguro de que el compañero que tiene a su lado es quien cree que es y no un monstruo cósmico? En cierto modo, bajo su envoltura de género, The Thing funciona como alegoría de la falta de confianza que impera en las relaciones humanas de nuestro tiempo.

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El impecable diseño producción y los extraordinarios efectos de maquillaje del especialista Rob Bottin, los cuales han envejecido bastante bien en opinión que quien suscribe estas líneas, son otros de los aspectos más sobresalientes de la película, cuya inquietante banda sonora fue compuesta por el gran Ennio Morricone con la colaboración, a base de sintetizadores, del propio Carpenter.

Lo dicho, una joya del cine de terror y ciencia-ficción moderno. De visión obligatoria.

Nota: 8/10

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