Hiroshima mon amour (1959), de Alain Resnais.

“¿Cómo iba yo a imaginarme que esta ciudad estuviera hecha a la medida del amor? ¿Cómo iba a imaginarme que estuvieras hecho a la medida de mi cuerpo mismo?”

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Una actriz francesa (Emmanuelle Riva) que rueda en Hiroshima una película sobre la paz, conoce a un arquitecto japonés (Eiji Okada) con quien mantiene una fugaz relación amorosa.

El seis de agosto de 1945, la bomba atómica eclosionó brutalmente sobre la superficie de la ciudad japonesa de Hiroshima, provocando la muerte de unas ciento cuarenta mil personas. Otras trescientas cincuenta mil resultaron heridas, presentando malformaciones genéticas producto de la radioactividad que perduran hasta el día de hoy. Quizá ningún otro acontecimiento histórico aúne de manera tan paradójica los conceptos de progreso y barbarie. En un principio, Hiroshima mon amour iba a ser un cortometraje documental al estilo Noche y niebla (Nuit et Brouillard, 1955), pero gracias al guión de la novelista y también cineasta Marguerite Duras, terminó convirtiéndose en el primer largo de Alain Resnais, amén de en uno de los filmes más modernos y sugestivos jamás realizados.

La película, más allá de su mensaje antinuclear y de la historia de amor imposible que relata (en realidad son dos historias de amor), nos habla de la memoria: tema capital en el autor de Muriel. De la memoria entendida como una noción mental en la que el pasado aborda al presente, y en donde los distintos espacios físicos se conciben como uno solo (las ciudades de Hiroshima en Japón y Nevers en Francia). De la memoria y también del temor a que las nebulosas piezas que la conforman caigan en el profundo (necesario) abismo del olvido.

Un primerísimo primer plano de dos cuerpos abrazados envueltos en polvo radioactivo abre la cinta. Mediante el recurso del fundido encadenado, ese polvo va adquiriendo poco a poco la forma de gotas de sudor que desprenden los cuerpos de los dos amantes mientras hacen el amor. La voz en off de ambos, en constante diálogo, se superpone sobre imágenes de la ciudad de Hiroshima después de la catástrofe atómica. Terribles imágenes de archivo junto a otras del museo del horror de la ciudad, completan un primer tramo extrañamente lírico debido a la prosa poética de Duras y a la minimalista música de Georges Delerue y Giovanni Fusco. A continuación, los amantes innominados (nunca sabremos sus nombres) aparecen tendidos sobre la cama, exhaustos y felices tras su noche de pasión. Son dos desconocidos, pertenecientes a diferentes culturas, que desde ese mismo momento comenzarán a conocerse; a desnudar sus almas el uno frente al otro en un encuentro de poco más de un día que cambiará sus vidas para siempre.

Hiroshima mon amour

La realización de Resnais resulta extraordinaria en su plasmación y deambulaciones con la cámara por un espacio que es a la vez mental y cinematográfico. Sus indelebles imágenes siguen el ritmo que marca el exquisito guión literario de Duras.

Por último, subrayar la soberbia interpretación de una por entonces casi debutante Emmanuelle Riva.

Nota: 10/10

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