Harakiri (Seppuku, 1962), de Masaki Kobayashi.

“Todos aman la vida, pero el hombre valiente y honrado aprecia más el honor”.

(William Shakespeare)

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Japón, siglo XVII. Un viejo y empobrecido samurái llamado Hanshiro Tsugumo (Tatsuya Nakadai), acude a la casa de su antiguo señor solicitando un lugar digno para suicidarse bajo el ritual seppuku (harakiri, si utilizamos el término coloquial). Antes de llevar a cabo su cometido, el desconocido cuenta los hechos que lo han llevado a tan extrema situación.

Con permiso de la monumental trilogía de La condición humana (Ningen no jôken), Seppuku me parece la obra maestra del director japonés Masaki Kobayashi, amén de uno de los mejores filmes sobre samuráis jamás filmados. La película, que adapta magistralmente una novela de Yasuhiko Takiguchi, ha ejercido una notable influencia en cineastas posteriores como Yôji Yamada o Takashi Miike. De hecho, este último rodó recientemente un remake de la misma.

En Harakiri, Kobayashi plasma con crudeza la situación de desamparo e indigencia a la que se vieron abocados miles de guerreros tras el establecimiento del régimen Tokugawa en 1603. Bajo la férrea y centralizada autoridad de este shogunato, el cual se mantuvo en el poder hasta la Restauración Meiji de 1868, Japón entró en un período de paz que puso fin a las intestinas luchas de los señores de la guerra, y en el que ya no tenía cabida un elemento belicista como el que representaba la clase samurái. Por otra parte, el realizador también critica la excesiva rigidez y la huera vanidad del código ético del bushido. Su mundo ha quedado relegado a la condición de mero componente tradicional y decorativo dentro de la sociedad nipona, de ahí su interés en preservar lo único que queda del mismo: la apariencia.

El autor de El más allá, espléndido narrador, utiliza de manera brillante el recurso del flashback, introduciendo progresivamente la información que hará que el relato vaya ganando en tensión e interés hasta desembocar en la inevitable y desigual confrontación final. Cada una de las secuencias parece planificada al milímetro, con una ejemplar puesta en escena en la que destacan la cuidada composición de planos y los medidos movimientos de cámara.

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Es cierto que Tatsuya Nakadai carece de la fiereza interpretativa y el carisma de un Toshiro Mifune, por ejemplo, pero su trabajo aquí como el hastiado guerrero que busca venganza merece ser reconocido.

Seppuku es, en definitiva, una de esas piezas indispensables que conforman la extraordinaria cinematografía del país del sol naciente.

Nota: 9/10

2 comentarios sobre “Harakiri (Seppuku, 1962), de Masaki Kobayashi.

  1. Abrazo Ricardo, quería nombrarte algunas películas que me gustaron mucho del siglo 21, La Muerte del señor Lazarescu, El Regreso ( que está en tu listado ), Primavera Verano Otoño Invierno y otra vez Primavera, Nunca es tarde para amar de Dresde y Mi Padre de Kleinert, como siempre gracias por tu blog.

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