La cinta blanca (Das weisse Band – Eine deutsche Kindergeschichte, 2009), de Michael Haneke.

“La creencia en algún tipo de maldad sobrenatural no es necesaria. Los hombres por sí solos ya son capaces de cualquier maldad”.

(Joseph Conrad)

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Alemania, 1913. En vísperas de la Primera Guerra Mundial, una serie de misteriosos actos violentos perturban la apacible vida de un pequeño pueblo protestante.

En las elecciones de 1933, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, Partido Nazi, se convirtió en la primera fuerza política del país teutón de manera absolutamente legal. Luego vendrían el incendio del Reichstag, la noche de los cuchillos largos, el Estado totalitario, el Anschluss, el inicio de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Pero, ¿qué fue lo que condujo a los ciudadanos alemanes a dar su pleno apoyo a un genocida como Hitler? ¿De dónde provenía tanto odio y rencor? ¿Cuál era la raíz de semejante maldad? En Das weisse Band – Eine deutsche Kindergeschichte, filme ganador de la Palma de Oro en el Festival de Cannes, el prestigioso director austríaco Michael Haneke, trata de ahondar en los orígenes del fascismo a través del estudio de la conducta moral y cívica de los habitantes de una pequeña comunidad protestante situada al norte de Alemania. Su tesis, aunque esforzada, resulta sin embargo un tanto simplista, ya que todo queda reducido a una mera consecuencia de lo que supuso la puesta en práctica de una educación severa y religiosa, omitiéndose otros factores mucho más importantes de tipo social, cultural e histórico. En realidad, la semilla del fascismo se sembró con el Tratado de Versalles de 1919. En él, además de las duras sanciones económicas, políticas y territoriales impuestas por los Países Aliados, la nación germana tuvo que soportar, no sin una intensa quemazón, ser señalada como la única responsable del desencadenamiento de la Gran Guerra.

La acción de la película se desarrolla a lo largo de un año, entre el verano de 1913 y el de 1914. El antiguo maestro de la escuela (Christian Friedel, aunque la voz del envejecido narrador pertenece a Ernst Jacobi) recuerda, apesadumbrado, los hechos acaecidos durante ese convulso período. Todo comienza con el fallido intento de asesinato del doctor (Rainer Bock), al que siguen sucesos aún más truculentos que terminan por desconcertar a una comunidad incapaz de hallar a los culpables. Algunas pesquisas apuntan a los hijos del pastor (Burghart Klaußner), unos niños de apariencia angelical atormentados por las estrictas normas que rigen su hogar. Su presencia, en principio ingenua y carente de perfidia, acabará tornándose tan inquietante como la de aquellos otros infantes, igualmente rubios, que causaban pavor en El pueblo de los malditos (Village of the Damned, 1960), de Wolf Rilla.

Haneke rodó la cinta en color, siendo convertida a blanco y negro en el proceso de posproducción. Su puesta en escena, de rigurosa sobriedad, aparece influida por el ascetismo formal de Carl Theodor Dreyer. La sombra de otro gran cineasta europeo, como es el caso de Ingmar Bergman, también se posa sobre el filme en determinados momentos. ¿Quién no piensa en el autor sueco, concretamente en su obra maestra Los comulgantes, mientras contempla la (verbalmente) cruda escena en la que el doctor desprecia los favores sexuales de la comadrona?

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Narrada de manera pausada y efectiva, La cinta blanca posee un acabado formal extraordinario, destacando el uso por parte del realizador de largos planos fijos y planos secuencia. Sobresale asimismo la impresionante fotografía a cargo de Christian Berger (con qué belleza refleja el paso de las estaciones). El guión de Haneke, pese a lo estereotipado de algunos de sus caracteres, plasma a la perfección la estructura social jerárquica de la comunidad protagonista, que tiene en su cúspide a la figura del barón terrateniente (Ulrich Tukur).

En definitiva, un notable ejercicio cinematográfico que se sitúa por méritos propios entre lo mejor de la producción europea de la pasada década.

Nota: 8/10

Un comentario sobre “La cinta blanca (Das weisse Band – Eine deutsche Kindergeschichte, 2009), de Michael Haneke.

  1. Tan ajustada y encerrada en una pretensión de análisis social y moral, que su brillante y exquisito desarrollo fornal no impide salvarla de su encorsetado planteamiento y su pastoso desarrollo. Tan ajustada que aburre. Aún así, la calidad de dirección es magnífica y su belleza fotográfica extraordinaria, pero fallece en su revisión justificativa de atroces hechos futuros devenidos de la sociedad que filma, pues resulta excesivamente predispuesta, preparada y ex profeso para lo que quiere contar, tanto que queda acartonada.

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