Aparajito (El invencible) (Aparajito, 1956), de Satyajit Ray.

“La materia pura del cine es la vida”.

(Satyajit Ray)

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El pequeño Apu (Pinaki Sengupta) y sus padres, Harihar (Kanu Bannerjee) y Sarbojaya (Karuna Bannerjee), abandonan Bengala para instalarse en la ciudad sagrada de Benarés, a orillas del Ganges, con el objetivo de prosperar en sus miserables condiciones de vida.

Segunda entrega de la Trilogía de Apu y otra demostración de la sabiduría cinematográfica (y vital) del realizador indio Satyajit Ray. Aparajito, ganadora del León de Oro a la Mejor película en el Festival de Venecia de 1957, apela a sentimientos y emociones universales como el amor materno, el sentimiento de pérdida, el gusto por el conocimiento, las ansias juveniles por echar a volar, la ingratitud filial o la soledad, conformando un bello ejercicio fílmico de portentosa fuerza narrativa que, sin llegar quizá a las cotas poéticas de su antecesor, Pather Panchali, constituye por sí solo un filme sobresaliente y profundamente conmovedor.

De entrada, el marco arquitectónico urbano de la ciudad histórica de Benarés, con su planificación irregular, callejuelas estrechas y edificios hacinados, contrasta con la exuberancia natural del paisaje de la anterior Pather Panchali. Ha cambiado el entorno que los rodea, pero apenas lo han hecho las condiciones de vida de la familia protagonista, que malvive ahora en un viejo bloque de viviendas. Las escasas rupias que entran en casa, provienen del trabajo diario de Harihar, el padre, que predica como sacerdote en las inmediaciones del Ganges, el río sagrado de los hindúes. Aparajito narra los años que abarcan el final de la infancia de Apu, toda su adolescencia (Smaran Ghosal sustituye a Pinaki Sengupta como Apu) y su primera juventud. La trágica muerte del cabeza de familia, aquejado de unas altas fiebres, determinará que Apu y su madre tengan que trasladarse junto a un tío de esta a una pequeña aldea rural, en la que el joven comenzará a ir al colegio y tomará conciencia de su amor por el conocimiento y su deseo de proseguir con sus estudios en la capital Calcuta. Decisión que romperá el corazón de Sarbojaya, amantísima madre en cuyo interior chocan lo que considera mejor para su hijo y lo que considera mejor para ella. Sobre su sufrido y desdichado personaje descansa buena parte del peso dramático de Aparajito, donde Ray dibuja una de las relaciones maternofiliales más hermosas, tristes e inolvidables de la historia del cine.

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Como ya sucediera en Pather Panchali, el autor indio dota al ferrocarril de connotaciones metafóricas, relacionadas en este caso con el cambio, el paso del tiempo o la esperanza.

Subrata Mitra, como director de fotografía, y Ravi Shankar, como compositor, repiten el extraordinario trabajo de la primera parte.

Tres años más tarde, Ray cerraría su maravillosa trilogía con Apur Sansar (El mundo de Apu).

Nota: 9/10

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