En la casa (Dans la maison, 2012), de François Ozon.

“Al escribir proyectas un mundo a tu medida”.

(Jesús Fernández Santos)

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Germain (Fabrice Luchini), profesor de Lengua y Literatura en un instituto de secundaria, se muestra decepcionado ante el pobre nivel de sus nuevos alumnos. Sin embargo, uno de ellos, Claude (Ernst Umhauer), que se sienta al fondo de la clase, parece tener cierto talento a la hora de escribir. Sus redacciones, en las que siempre habla sobre la familia de uno de sus compañeros, harán que el profesor lo anime a seguir escribiendo.

El arte de contar historias ha acompañado al hombre desde la noche de los tiempos. La superficie rocosa del interior de una cueva, fue el primer lugar en el que el ser humano plasmó su necesidad de narrar. Con el devenir de la historia, estos rudimentarios dibujos de trazo tosco dieron paso a un lenguaje escrito perfectamente estructurado. A partir de entonces, la escritura fue mudando el soporte sobre el que se proyectaba: arcilla, cerámica, madera, tablillas de cera, huesos, piedra, metales, papiro, pergamino, papel. La llegada de la imprenta permitió la producción masiva de libros, hasta ese momento en manos de sólo unos pocos. De forma paralela a la evolución de la escritura, la pintura y la escultura siguieron haciendo las veces de narradores no escritos. Más tarde, con la aparición de los medios audiovisuales, entre ellos el cine, el círculo terminaría cerrándose. En la casa, del realizador francés François Ozon, se inscribe dentro de esta tradición milenaria de contar historias. La película está basada en la pieza teatral El chico de la última fila, del dramaturgo madrileño Juan Mayorga, y supone una lúcida reflexión acerca del proceso creativo que surge del contacto del individuo con la realidad que lo rodea. Manipulando esa realidad, se logra fijar nuestra atención sobre ella. Da igual que se trate de un creador literario, cinematográfico o de cualquier otro tipo. El objetivo es siempre el mismo: mantener el interés del receptor hasta el final de la obra.

Claude es un adolescente solitario de origen humilde. Su madre lo abandonó cuando era un niño, y ahora vive junto con su padre, un minusválido al que tiene que preparar el desayuno cada mañana antes de ir al instituto. Con todo ello, es normal que se sienta fascinado por la familia de Rapha (Bastien Ughetto), un compañero de clase. Rapha vive en una preciosa casa unifamiliar con jardín. Su padre, que también se llama Rapha (Denis Ménochet), es un tipo enrollado con el que juega al baloncesto y ve los partidos de los Memphis Grizzlies por televisión. Y su madre, Esther (Emmanuelle Seigner), una atractiva cuarentona aficionada a la decoración. Ambos lo adoran. Como se puede apreciar, los Rapha (así los llama Claude) forman una familia ideal de clase media. ¿Quién no querría pertenecer a una familia así? Para entrar en su casa, Claude se hace amigo de Rapha, a quien empieza a ayudar con las matemáticas, que no se le dan demasiado bien. Tal experiencia es relatada por Claude en una redacción, lo que llama la atención de su profesor de Lengua, un escritor frustrado que ve en su alumno a alguien con un enorme potencial. Animado por Germain, que en horas extra le enseña cómo se debe construir un buen relato literario, Claude sigue frecuentando el hogar de los Rapha, narrando en sus textos y con todo lujo de detalles lo que allí le acontece. Empero, pronto realidad y ficción comienzan a fusionarse sin que resulte fácil distinguir la una de la otra. De modo que lo que ha empezado siendo un simple juego didáctico, parece derivar hacia algo mucho más serio. Germain y su mujer, Jeanne (Kristin Scott Thomas), ávidos lectores de lo que escribe el cínico Claude, serán testigos, como nosotros los espectadores, de ese peligroso tránsito.

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Ozon, uno de los directores más interesantes de la cinematografía gala actual, imprime a su filme un ritmo magnífico que engancha desde los primeros minutos. La narración es fluida pese a su complejidad, y la puesta en escena destaca por su elegante sencillez. Lástima que durante el último tramo de la película decaiga un poco el interés, y que no culmine de la manera brillante que el conjunto hubiese merecido.

En todo caso, Dans la maison supone una de las sorpresas más agradables, originales e inteligentes del cine francés de los últimos años.

Nota: 7,5/10

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