Toro salvaje (Raging Bull, 1980), de Martin Scorsese.

“Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: ‘Da gloria a Dios. Nosotros sabemos que ese hombre es un pecador’. Les respondió: ‘Si es un pecador; no lo sé. Sólo sé una cosa: que era ciego y ahora veo’”.

(Juan IX, 24-26)

De Niro In Raging Bull

Se narra el ascenso profesional hacia el éxito y la posterior caída del boxeador Jake LaMotta (Robert De Niro), campeón mundial de los pesos medios.

Virtuoso y brutal ejercicio cinematográfico que constituye el mejor trabajo de Martin Scorsese junto a Taxi Driver (1976). La película cuenta con un espléndido guión basado en la autobiografía del propio LaMotta, cuyo principal artífice fue el atormentado y también realizador Paul Schrader, responsable de los textos de los filmes de mayor calado moral y existencial del autor de Uno de los nuestros.

Scorsese sublima desde la forma el ya típico esquema con eje narrativo articulado en torno al ascenso/fama/decadencia del protagonista principal. Y lo hace mediante una puesta en escena portentosa y rica en detalles que se eleva hasta niveles extraordinarios gracias a la soberbia fotografía en blanco y negro de Michael Chapman.

Teniendo en cuenta las adscripciones ideológicas del dúo Scorsese-Schrader, católico el primero y calvinista el segundo, no podemos obviar la lectura ético-religiosa del relato en su tránsito desde el infierno del pecado hasta la luz de la redención (la cita bíblica final es muy elocuente al respecto). La progresiva degradación conductual y física de LaMotta, convertido prácticamente en un animal, encontrará penitencia en la soledad, y expiación en el reconocimiento interior de los errores cometidos.

A la excelencia visual de la cinta, hay que sumar una admirable destreza narrativa. Valga de ejemplo el pasaje en el que se alternan combates de LaMotta con filmaciones caseras en color, mostrando de forma paralela la evolución de su vida profesional y privada. Magistral.

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La planificación y ejecución de las secuencias de combate, algunas de las cuales aparecen envueltas en un denso y sofocante vapor, es simplemente impresionante. Uno puede sentir con ellas la crudeza de cada golpe y el dolor de cada herida abierta. Un verdadero hito de la técnica cinematográfica.

Robert De Niro, que sometió su cuerpo a una espectacular transformación física que incluía engordar veintisiete kilos, realiza una performance excepcional. A su lado también brilla Joe Pesci y no desentona la guapa Cathy Moriarty.

En definitiva, Raging Bull sigue siendo una de las piezas clave del cine norteamericano moderno. Y la ineludible cumbre del subgénero boxístico.

Nota: 9/10

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