La muerte de Luis XIV (La mort de Louis XIV, 2016), de Albert Serra.

“La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene”.

(Jorge Luis Borges)

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Año 1715. Luis XIV (Jean-Pierre Léaud), rey de Francia y de Navarra desde 1643, agoniza en Versalles por culpa de una gangrena que afecta a su pierna izquierda.

Con La mort de Louis XIV, el director catalán Albert Serra ha compuesto un sobrio, contenido y fascinante réquiem cinematográfico a la agonía de la muerte. Un riguroso ejercicio artístico que coloca al espectador ante la angustia que prologa al abismo de la nada más absoluta. Serra, que siempre se ha sentido fuertemente atraído por los grandes personajes de la historia, sean estos reales o ficticios (desde Don Quijote de la Mancha hasta Giacomo Casanova, pasando por los tres Reyes Magos o el conde Drácula), se centra aquí en la figura del soberano francés Luis XIV, “el Rey Sol”, un monarca absoluto al que en su época se llegó a divinizar dado su poder mayestático. Un poder que, sin embargo (y aquí radica la gran paradoja existencial que ha afectado y afectará a los muy ricos y poderosos de todos los tiempos), no le impidió (como resulta obvio) escapar de las garras de la muerte, a la que se vio abocado tras interminables días de dolor y lenta agonía en su Palacio de Versalles. Y es esa paradoja lo que en verdad parece interesar al autor de Honor de Cavalleria. En sus propias palabras: “el poder absoluto enfrentado a la impotencia absoluta. La infinitud del poder contra la finitud de la vida“. Por ello desposee a su personaje central de sus atributos de mando, de su glamur histórico, de sus logros como rey e incluso de su personalidad. Lo único que busca (y muestra) es la confrontación del individuo con su ocaso vital. A su lado, cual cohorte funeraria, sus más fieles súbditos y Fagon (Patrick d’Assumçao), el médico de la corte, quien no acierta a descubrir el origen de los males que aquejan a su todopoderoso señor. Lo que provoca que se termine recurriendo a un segundo diagnóstico por parte de los doctores más prestigiosos de la Universidad de París, y a los servicios de un curandero charlatán procedente de Marsella al que da vida el poeta Vicenç Altaió (el Casanova  de Historia de mi muerte, la anterior película del director).

Serra, coautor del documentado guión junto a Thierry Lounas, adapta su relato a las unidades aristotélicas de acción, tiempo y lugar. Durante las casi dos horas de metraje, el espectador prácticamente no sale de la estancia real donde el monarca permanece tumbado sobre su cama. Sólo sabemos si es de día o de noche, si luce el sol, llueve o hay tormenta, a través de los sonidos provenientes del exterior, a los que el cineasta concede una gran importancia, y de la tenebrosa iluminación natural de la fotografía de Jonathan Ricquebourg.

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La composición de los encuadres, solemne y pictórica, supone un minucioso eslabonamiento de primeros planos y planos medios que nos hacen ser testigos cercanos de cuanto acontece. No existe el drama. Y sí la espera. La interminable espera. Y Jean-Pierre Léaud, el niño de Los 400 golpes convertido ahora, sesenta y siete años después de su debut de la mano de Truffaut, en un irreconocible anciano. Se cierra el círculo. Así es la vida. Y así es La mort de Louis XIV. Una película tan grande y sombría como la propia muerte.

Obra maestra.

Nota: 10/10

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17 comentarios sobre “La muerte de Luis XIV (La mort de Louis XIV, 2016), de Albert Serra.

      1. Hola Ricardo, he tenido la oportunidad de ver el preestreno de la cinta en el cine truffaut de Girona (hasta Albert Serra se pasó a saludar después de la proyección) y me ha fascinado. Creo que yo también le daría un 9, de lo mejor en lo que llevamos de década. Destaco el plano secuencia con Mozart de fondo y el rey sol mirando a la cámara como aceptando su inevitable ocaso. Poderosísima escena.

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  1. Qué hermoso es ver que una película reciente alcanza el 9 (y que no sea de nuestro Béla). Y qué irónico que una muerte así de agónica confirme que el buen cine sigue vivo. Expreso mis más alegres condolencias.

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  2. No sé como no le pones un 10… Es una obra especial, triste, con mucho sentido del humor, preciosa, patética… No creo que utilice a Aristóteles ya que, aunque sean todos planos cortos y en espacios cerrados, no hay concepto de escena, va más allá con la contemplación. Y en cuanto a narratividad, te lo deja bien claro con una total ausencia de peripecia. En general, como creo que ya intentó Tarkovski, Serra se mueve en un lenguaje post-clásico (entendido no en el cine sino del arte y cultura en general, por eso Aristóteles), jugando con la ironía en todo momento. La fotografía es alabable, pero el tratamiento del sonido está en la cima del cine. En general llega a la pureza del lenguaje cinematográfico, con extrema sinceridad, ambas cosas que pocos directores han conseguido.
    La otra de Serra que recomiendo mucho es El cant dels ocells, pero en general, todas son fantásticas. Es el mejor director español desde Buñuel (sí, superior a Erice). Los españoles nos tendríamos que plantear qué pasa que todos acaban prefiriendo trabajar en Francia. Como dijo él en una entrevista, “en España me siento muy solo”. Fui al preestreno de Barcelona, con Puigdemont ahí (dudo que entendiera mucho la película), me emocioné, sentí una felicidad y gratitud inmensa por una obra tan perfecta. Para mí, junto con Qué difícil es ser un dios, lo mejor del siglo.

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    1. Que la valoración suba al diez (o no) dependerá de un segundo visionado. Lo que tengo muy claro es que se trata de una obra maestra sin aristas. La mejor película rodada por un cineasta español desde ‘El espíritu de la colmena’. Y sí creo que se adapta a las unidades aristotélicas, especialmente a las de acción y lugar (el propio Serra se ha referido a ello en una entrevista).
      Saludos!

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      1. Personalmente, no lo creo. No hay acción en toda la película, simplemente el rey se muere. No hay espacio, al menos entendido como superficie donde se mueven los personajes; más bien se centra un núcleo, el rey sol, con sus médicos “satélites”. Y finalmente, la unidad temporal es inexistente. Todo el film simplemente deviene, no hay forma extrínseca en su devenir, nace de la misma existencia lógica: para morir tienes primero que vivir.

        Recuerdo que esta película iba a ser una performance, algo opuesto dentro del mundo escénico a la religiosidad de la tragedia. Es justamente lo contrario a Edipo Rey: si en la tragedia griega el rey se descubre a sí mismo como sabio ignorante de lo que es, en la película de Serra el rey sabe de sus crímenes, los acepta, y muere “tranquilamente”.

        Respecto a los comentarios sobre Puigdemont, quizá me pasé un poco. Pero quisiera recuerdar qué situación hay ahora en Cataluña, que Luís XIV era conde de Barcelona, que es la película de más marcado carácter político de Serra, y que, por encima de todo, trata sobre la muerte del poder omnipotente.

        Albert Serra es especial: lo detesto a veces, lo adoro muchas otras. Si no la has visto, recomiendo El Cant dels ocells. Un artista con mayúsculas.

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        1. Por cierto: sí, es un diez.

          Me gustaría ver más cine así en la actualidad. La verdad es que la mayoría que veo -últimamente poco- me parece muy flojo y facilón. Echo de menos a Dreyers, Mizoguchis y Bressons.

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  3. Antonio dixit: “Fui al preestreno de Barcelona, con Puigdemont ahí (dudo que entendiera mucho la película)”. Mande? Dicho esto, no me perderé la película: de Serra vi “Història de la meva mort” y me pareció de lo más curiosa e innovadora.

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  4. ¿Un tostón? Me ha encantando. Aun me pregunto cómo consigue Serra que tratando un tema tan grave la sonrisa no desaparezca en ningún momento de la boca. Me ha parecido profunda y divertida a partes iguales. Fantástica.

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  5. Sí, el comentario de Antonio sobre Puigdemont está fuera de lugar, y más en boca (o teclas) de alguien que, por si fuera poco, cree conocer a la perfección la “Poética” de Aristóteles (sí la domina y muy bien Serra, estoy de acuerdo con Ricardo). Unidad de acción no significa presencia de peripecia, ni de anagnórisis, ni otros recursos similares, amigo Antonio… Dicho esto, me sumo a las felicitaciones: acabo de ver la película y me ha parecido soberbia. No hay ningún plano gratuito, es una lección de estilo.

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    1. Me gustaría saber de tu parte qué consideras que merece ser descrito como unidad de acción en esta película, o de espacio en cuanto que hay unos personajes que se mueven en él (el centro único és el rey, no hay movimiento), o si crees que hay unidad temporal en un relato que intrínsecamente dura dos semanas.

      Es opuesta a Edipo Rey: Edipo se descubre a si mismo intelectualmente, su memoria; Luís XIV es conocedor de sus crímenes, los acepta muere sin arrabcarse a los ojos.

      Quizá desafortunado, el comentario sobre Puigdemont creo que tiene una base: la situación en Cataluña es cada día más difícil, Luís XIV era conde de Barcelona, la película trata de la muerte del poder… Y no lo olvidemos, es una película de marcado carácter político, no sólo existencial.

      Noto falta de educación en tu comentario, así como un argumento falaz y simplón, amigo.

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  6. Uhh….hace 2 hrs la proyectaron en la sala de cine del Ministerio de Cultura , en Lima.

    Llegué 15 min antes y ya no quedaban entradas….la quería ver solo por tu excelente reseña; y estoy acá, triste y abandonado.

    Gracias por tu blog, te sigo desde hace tiempo

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