Todas las mañanas del mundo (Tous les matins du monde, 1991), de Alain Corneau.

“Todas las notas deben acabar muriendo”.

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Siglo XVII. Marin Marais (Gérard Depardieu), músico de la corte de Luis XIV, recuerda su relación con Monsieur de Sainte-Colombe (Jean-Pierre Marielle), su maestro en el arte de la viola da gamba.

Exquisita en lo formal aunque quizá algo fría en su conjunto, Tous les matins du monde, adaptación de la novela homónima de Pascal Quignard, supone el trabajo más prestigioso del realizador galo Alain Corneau, conocido principalmente por sus incursiones en el cine negro. La cinta, ganadora de siete Premios César, incluyendo los de Mejor película y Mejor director, se centra en la relación maestro-discípulo que existió entre Monsieur de Sainte-Colombe y Marin Marais, dos de los compositores más importantes del Barroco francés. El violagambista y musicólogo español Jordi Savall, toda una eminencia en la materia, fue el responsable de la maravillosa banda sonora del filme, que incluye piezas de Sainte-Colombe, Marin Marais, Jean-Baptiste Lully y François Couperin.

Todas las mañanas del mundo arranca con un primer plano mantenido durante varios minutos en el que un envejecido y amargado Marin Marais, frente al ocaso de su vida y mientras imparte una clase magistral entre los músicos de la corte de Versalles, comienza a rememorar en público a la figura de su maestro, el austero y jansenista Monsieur de Sainte-Colombe, quien tras la muerte de su querida esposa, optó por enclaustrarse con la única compañía de su música y de sus dos hijas, despreciando por completo los cantos de sirena provenientes de la corte y del mismísimo “Rey Sol”, Luis XIV. Hasta que, cierto día y a regañadientes, decide admitir como discípulo al joven hijo de un zapatero: Marin Marais (Guillaume Depardieu). Sainte-Colombe, cuya concepción trascendental y pura de la música contrasta con la más mundana y banal de Marais, muestra a su alumno los secretos de la viola da gamba a través de los paralelismos de la naturaleza con su arte. Enseñanza a la que también contribuye Madeleine (Anne Brochet), la hija mayor de Sainte-Colombe con la que el joven mantiene relaciones a escondidas de su maestro. Pero la llamada de la corte, del reconocimiento material y del éxito, alejarán pronto a Marin Marais de Sainte-Colombe y Madeleine.

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Como señalaba al principio, la obra que nos ocupa goza de una envoltura formal exquisita, gracias a la extraordinaria fotografía de Yves Angelo y a la pictórica composición de unos planos fijos que remiten a los cuadros de Georges de La Tour. Sin embargo, bajo mi punto de vista, peca en su excesivo uso de la voz en off como elemento conductor de la narración y en no haber incidido más en la confrontación psicológica entre sus dos caracteres principales.

Aun con todo, Tous les matins du monde constituye un bello, sereno y triste ejercicio cinematográfico/musical (la música es el más importante de los personajes) con varias escenas para el recuerdo.

Nota: 7,5/10

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