Playtime (1967), de Jacques Tati.

“Quiero que la película empiece al salir del cine”.

(Jacques Tati)

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Un grupo de turistas norteamericanas que realiza un tour por Europa, llega a París para pasar un día. En su visita a la capital francesa, se toparán en más de una ocasión con Monsieur Hulot (Jacques Tati), quien parece tener una cita importante en un gran edificio de oficinas.

Playtime supone el punto culminante en la carrera del actor y director Jacques Tati, y una de las cimas de la cinematografía francesa de todos los tiempos. Cuesta encontrar otra película (yo, al menos, no la conozco) con una puesta en escena que resulte tan minuciosa, cerebral, moderna e inventiva como la que nos ocupa. Con Playtime, además de una obra maestra del humor satírico, Tati consigue crear un mundo propio (ese París gris y modernista de enormes edificios de acero acristalados donde los monumentos históricos no parecen más que el reflejo de una época pasada que a casi nadie interesa) que en poco se parece a nada de lo que en cine se haya hecho antes o después del autor de Mi tío. El filme, la producción más costosa del cine francés hasta ese momento (se construyó una auténtica ciudad, conocida como “Tativille”, situada al aire libre en las afueras de París en la que se utilizaron alrededor de 50.000 metros cúbicos de hormigón, 4.000 metros cúbicos de plástico, 3.200 metros cuadrados de armazón de madera y 1.200 metros cuadrados de cristales), fue rodado en 70 milímetros.

A lo largo de Playtime, Tati juega de manera brillante con el espacio cinematográfico (la profundidad de campo, las relaciones entre el interior y el exterior, la perspectiva, la composición de planos generales plagados de personajes o la tramposa correspondencia entre el sonido de un objeto y su ubicación exacta). La película se estructura básicamente en seis largas secuencias: la inicial en la sala de espera del aeropuerto de Orly; la del edificio acristalado de oficinas al que Hulot acude (presumiblemente) en busca de trabajo; la de la sala de exposición de novedades para el hogar; la de los “apartamentos-escaparate” donde reside un antiguo conocido de Hulot; la del restaurante de lujo que abarca la práctica totalidad de la segunda mitad del metraje; y la del “tiovivo” motorizado de automóviles en torno a una glorieta ya al final. Aunque la trama (la cual no existe como tal) se desarrolla en París, sólo vemos las construcciones más emblemáticas de la ciudad (la Torre Eiffel, el Arco del Triunfo, la Basílica del Sagrado Corazón, el Obelisco de Lúxor…) a través de borrosos reflejos en las puertas de cristal de edificios modernos. Con ello, el objetivo de Tati no es otro que criticar el proceso de uniformización arquitectónica al que se ven sometidas las grandes capitales del mundo, que renuncian a su identidad histórica en su avance hacia la modernidad. Esa uniformidad espacial se traslada también a la conducta de los ciudadanos, que parecen autómatas en sus calculadas normas de comportamiento social. Sólo Hulot rompe con esa monotonía. A costa, eso sí, de una difícil integración en su entorno.

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En relación a la secuencia (especialmente relevante dada su extensa duración) del club nocturno, el Royal Garden, que decide abrir sus puertas al público a pesar de que las obras para su remodelación aún no han finalizado, señalar que se trata de una ininterrumpida, progresiva y divertidísima sucesión de gags que conducen al caos. Y allí donde hay caos o desorden siempre aparece Hulot, aunque en este caso no sea él el único causante del mismo. Una arquitectura poco funcional y las convenciones de la élite social, vuelven a constituir aquí el principal objetivo de los ataques del cómico francés. La secuencia, medida hasta el más mínimo detalle, posee un inigualable crescendo humorístico que desemboca en un clima de anarquía material y social que hubiesen firmado los mismísimos hermanos Marx. Hilarante de principio a fin.

Playtime es una obra cinematográfica mayúscula y atemporal. Uno se queda “ojiplático” viéndola casi medio siglo después de su (fracasado) estreno. Quizá estemos ante la mejor comedia que jamás se haya realizado. A buen seguro la más moderna y original de todas.

Nota: 10/10

4 comentarios sobre “Playtime (1967), de Jacques Tati.

  1. Hola, Ricardo:

    Esta obra maestra es sin duda alguna de las más olvidadas por los cinéfilos y eso me causa tristeza. Para mí la secuencia del restaurante es la puesta en escena más colosal y formidable en la historia del cine, pero no sólo hay que aplaudir eso, también tiene un humor demasiado refinado, sutil y poético que hace falta más de un visionado para su total asimilación. Sin duda alguna obra maestra que no dejará indiferente a nadie.

    ¡Saludos!

    Me gusta

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