Le jour se lève (1939), de Marcel Carné.

“Las hojas muertas se rastrillan hacia los desperdicios. Los recuerdos y lamentos también”.

(Jacques Prévert)

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Atrincherado en la última planta de un edificio tras haber matado a un hombre, François (Jean Gabin) rememora los acontecimientos que lo han conducido a esa desesperada situación.

Ejemplo canónico del realismo poético francés, Le jour se lève, indistintamente conocida en España con los títulos de Amanece o Al despertar el día, constituye una de las cumbres (sólo por debajo de la catedralicia Les enfants du paradis) de ese inmarcesible dúo que en su día formaron el director Marcel Carné y el poeta, dramaturgo y guionista Jacques Prévert. Película clave dentro de la cinematografía gala previa a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

El realismo poético se sustenta sobre una paradoja que lo convierte en un movimiento único en la historia del cine: intenta ser lo más realista posible en la recreación de escenarios, en la plasmación de situaciones cotidianas y en el dibujo psicológico de sus personajes, sin apenas disimular una premeditada artificialidad artística derivada de los decorados, la iluminación expresionista y unos diálogos deliberadamente literarios. Se vincula a las corrientes políticas de izquierda (el Frente Popular) y retrata la problemática social de las clases populares en la Francia del período de entreguerras. Recibe la influencia directa de movimientos artísticos como el dadaísmo (pesimismo) y el surrealismo (atmósferas oníricas).

Le jour se lève, obra de una atrevida estructura narrativa para la época, arranca con el asesinato en off de un hombre. El muerto, cuyo cuerpo cae rodando escaleras abajo, es descubierto por varios vecinos de la comunidad del edificio donde se ha producido el crimen. Muy pronto, decenas de policías y curiosos se arremolinan en torno al lugar de los hechos. El asesino, François (la indiscutible estrella del cine francés del momento, el gran Jean Gabin), se niega a salir de la habitación en la que se ha perpetrado el homicidio. Allí permanecerá atrincherado durante toda la noche. Hasta el amanecer. Pero, ¿qué circunstancias han podido llevar a un hombre como él, un trabajador honesto y sencillo, a cometer semejante acto de violencia? ¿Quién es el fallecido? ¿Qué tipo de relación les unía? Todo comienza la mañana en la que Françoise (Jacqueline Laurent, por entonces amante de Prévert), una joven florista menos inocente de lo que parece, entra en la fábrica donde trabaja François… A través de tres flashbacks que abarcan buena parte del metraje, Carné revela al espectador una compleja trama amorosa a cuatro bandas de la que, además de François y Françoise, también toman parte monsieur Valentin (un espléndido Jules Berry, el hombre asesinado de la primera escena), charlatán de vodevil, y Clara (Arletty), su ayudante y amante, enamorada de François.

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La película, cuyo guión original, retocado y sublimado por Prévert, fue obra de Jacques Viot, se cierra con uno de los finales más sombríos y pesimistas del cine francés de todos los tiempos.

En 1947, Hollywood llevó a cabo un remake, La noche eterna (The Long Night), bastante inferior al filme que nos ocupa, dirigido por Anatole Litvak e interpretado por Henry Fonda, Vincent Price y Barbara Bel Geddes, en el que, entre otros cambios, se introducía un final feliz.

Nota: 8/10

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