Silencio (Silence, 2016), de Martin Scorsese.

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”.

(Marcos 16:15)

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Siglo XVII. Dos jesuitas portugueses, Sebastião Rodrigues (Andrew Garfield) y Francisco Garrpe (Adam Driver), viajan hasta Japón en busca de su mentor espiritual, el padre Cristóvão Ferreira (Liam Neeson), quien al parecer ha cometido apostasía tras ser torturado.

En la actualidad, tan sólo el 0,5% de la población japonesa profesa la fe católica. Apenas unos 500.000 fieles de un conjunto que supera los 126 millones de habitantes, en su mayoría budistas. El cristianismo fue perseguido en Japón desde finales del siglo XVI, y muy especialmente tras la Rebelión campesina de Shimabara en otoño de 1637. Silence, adaptación de la novela Chinmoku (1966), del escritor nipón (y católico) Shusaku Endo, retrata el período más convulso de ese violento proceso de persecuciones religiosas, y supone, bajo mi punto de vista, uno de los mejores y más personales trabajos de Martin Scorsese (coautor del guión junto a Jay Cocks), aquí en la cima de su madurez intelectual y artística.

En Silencio, doloroso y sombrío drama espiritual cercano a las tres horas de metraje, el autor de Taxi Driver aborda, como ya hiciera en La última tentación de Cristo (The Last Temptation of Christ, 1988), el tema de la fe; su torturado sendero; los distintos estadios de ánimo que lo conforman. Porque quien tiene fe tiene esperanza, pero también dudas, temor y hasta miedo. Quien tiene fe desea compartirla y hacer a los demás partícipe de ella. Es un don y una responsabilidad. Te da y te quita. Te conforta y te angustia. La fe, puesta a prueba, rara vez otorga paz interior. Antes al contrario, agita el alma confrontando las hipótesis de lo invisible con las certezas de lo visible: el ideal con lo real. Aunque lo peor de la fe es, sin duda alguna, su naturaleza irresoluble; la imposibilidad de confirmarla o refutarla a lo largo de esta vida. El silencio (de Dios) conduce primero al desánimo, al pesimismo después, y finalmente a la resignación. Esa resignación infinita a la que Kierkegaard consideraba el estado anterior a la fe, que para él no era otra cosa que la creencia ciega en el absurdo. Estado que el sufrido padre Rodrigues, calcando el camino de su predecesor y maestro, el padre Ferreira (ambos caras de una misma moneda), alcanzará, quizá sin saberlo y muy a su pesar, tras una misión evangélica suicida; plagada de peligros, sacrificios, tentaciones y tormentos en un Japón escarpado, opaco y neblinoso.

Silence respeta la estructura epistolar del texto original de Endo, mostrando los puntos de vista (las razones y sinrazones) de dos culturas tan diferentes que resulta casi imposible conjugar. La película, de escasa trama y ritmo ajaponesado, consta de una introducción, dos partes y un epílogo, obviando los cánones del cine más comercial para optar por una narración densa e introspectiva en la que abundan la simbología religiosa e imágenes de enorme poderío visual, como las de la espeluznante secuencia de la crucifixión de los campesinos cristianos frente al mar (los kakure Kirishitan o cristianos ocultos).

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Desde una perspectiva formal, el filme que nos ocupa remite a los jidaigeki de los maestros Kenji Mizoguchi y Akira Kurosawa. De hecho, una de las escenas, la del traslado de Rodrigues a la aldea de Goto a bordo de una barcaza en medio de la noche y de una densa niebla, parece un homenaje a una muy similar que aparecía en Cuentos de la luna pálida (Ugetsu monogatari, 1954).

La solvente interpretación de un esforzado Andrew Garfield, se ve brillantemente acompañada por las composiciones de Tadanobu Asano y, sobre todo, de Issei Ogata (el  emperador Hirohito de Sokurov en Solntse), quien da vida al maquiavélico y ambiguo inquisidor japonés Inoue Masashige.

Scorsese, dadas sus inquietudes personales y convicciones religiosas, llevaba unas tres décadas queriendo emprender el proyecto de Silencio, y creo que la espera ha merecido la pena. Como apuntaba al principio, se trata de una de sus obras más arriesgadas y maduras. Nada que ver, afortunadamente, con esa payasada previa que supuso El lobo de Wall Street.

Notable alto.

Nota: 8/10

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10 comentarios sobre “Silencio (Silence, 2016), de Martin Scorsese.

  1. Creo que las dos últimas películas de Scorsese son un reflejo de lo que busca la sociedad hoy en día. Tres horas de exceso, drogas y dinero que recibe alabanzas por todos lados frente a un drama profundo y reflexivo recibido con mas pena que gloria (a la gente que salió de la sala a los treinta minutos de proyección y a las notas en filmaffinity me remito).
    En cuanto a la película creo que independientemente de tus creencias propias es de una calidad innegable, quizá la narración a lo largo del metraje es un poco descompensada pero la ambientación y las actuaciones son muy buenas. Lo mejor sin duda es la escena en la que el personaje de Garfield “apostata”. Mi nota sería un 7. Por cierto yo le encontré ciertos paralelismos con ‘Apocalypse Now’.

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    1. Lo de ‘Apocalypse Now’ supongo que lo dices por el paralelismo entre los personajes de Kurtz y Ferreira… Coincido plenamente contigo en lo que comentas al respecto del dispar recibimiento (tanto de crítica como de público) entre ‘El lobo de Wall Street’ y ‘Silencio’. Así es la sociedad en la que nos ha tocado vivir…
      ¡Saludos!

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  2. “Silencio” pertenece a esas escapadas lejos del corazón de Hollywood que de vez en cuando se pega el bueno de Martin jajajaja, tiene muchos puntos de interés, me deja con ganas de saber más acerca del Japón aislacionista. Me encanta ese sentimiento en el que el protagonista se divide la fe ,la razón y la verdad
    Saludos!

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  3. Gran pelicula con un Scorsese mas fino tras peliculas fallidas como “Hugo” y “El Lobo de Wall Street.” Filosofica a la hora de tratar el fanatismo religioso en el ambito de la de las misiones en el Japon feudal. Me gusto la referencia del agua en vez del fuego purificador empleado por la Santa Inquisicion, pero mas que eso la lucha interior del Padre Rodrigues el cual acabo apostatando (aunque hay mas que esto). El camino de la fe es una lucha interior (Rezo pero estoy perdido. ¿Acaso estoy rezando solo al silencio?). La ambiguedad del inquisidor japones no solo es mas que una alegoria a la filosofia Budista Zen de la cual tan habilmente utiliza el cineasta italoamericano. El 8/10 lo veo un poco austero -como la pelicula en si 🙂 – Un 9 desde aqui. Saludos!

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    1. Coincido contigo en que tanto ‘La invención de Hugo’ como ‘El lobo de Wall Street’ eran títulos fallidos. Con ‘Silencio’ Scorsese se redime de sus últimos fiascos. El 8 de la nota es resultado de un único visionado hasta la fecha. Veremos si mi percepción de la película varía cuando la vuelva a ver.
      ¡Saludos!

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  4. Los tres pobres diablos sometidos a la refinada tortura oriental pasan horas y horas a remojo. Al principio cantan para darse ánimos. Luego gritan: “¡Jesús!¡Deus!¡Paraíso! Y finalmente…el SILENCIO. Sólo el rumor de las olas.

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  5. Me pareció muy buena, intensa y compleja, pero más por su laboriosidad que por inspiración visual, a diferencia por ejemplo de “La última tentación”. De todas maneras creo que fue un año notable para el cine gringo: Silencio, Moonlight, Animales nocturnos, The lobster, The witch, Manchester junto al mar, El arribo, Hell or High water…

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