La tortuga roja (La tortue rouge, 2016), de Michaël Dudok de Wit.

“Yo podría ser el último paria de mi reino, un leproso abandonado por todos, sin recuerdo y sin esperanza de goce alguno, y aún quisiera vivir”.

(Jacinto Benavente)

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Narra las vivencias a lo largo de los años de un náufrago que va a parar a una recóndita isla desierta.

Hermosa, poética y delicada fábula animada que supone el primer largometraje del realizador holandés Michaël Dudok de Wit, conocido hasta ahora por su multipremiado cortometraje Father and Daughter (2000). La película, una coproducción internacional en la que participa el Studio Ghibli (Isao Takahata ejerce de productor artístico), obtuvo el Premio Especial del Jurado en la sección Un Certain Regard del pasado Festival de Cannes.

La tortue rouge, filme completamente mudo de ochenta minutos de duración, remite al Robinson Crusoe de Daniel Defoe, a Las metamorfosis de Ovidio y a los dibujos del historietista belga Hergé (Las aventuras de Tintín).

Cobra en La tortuga roja una especial relevancia la naturaleza: cruel y generosa. Siempre sabia. Su omnipresencia es absoluta, tanto en las imágenes como en los sonidos (captados con gran agudeza). El paisaje, la luz y la inmensidad del océano, sirven de atemporal marco (no existen referencias que nos permitan ubicar la narración en ningún lugar concreto del planeta o período histórico determinado) a una historia universal que en su primera parte se asemeja mucho a un relato tradicional de supervivencia, pero que tras la aparición de una enorme tortuga roja que impide al náufrago escapar de la isla en repetidas ocasiones, da un sorprendente giro hacia el género fantástico que le otorga el sello de lo mítico y legendario.

Partiendo de una acción mínima, Dudok de Wit plasma de manera pasmosa el ciclo vital del hombre,  reflexionando acerca del paso del tiempo, el sentimiento de pérdida o la muerte.

En el apartado visual, además de la belleza y sencillez de los dibujos, resulta especialmente asombroso el tratamiento lumínico de los escenarios en función de las diferentes fases del día, las distintas condiciones de luz y los diversos efectos atmosféricos, obteniendo un estudio impresionista que puede recordar a la serie de vistas del pintor Claude Monet sobre la Catedral gótica de Rouen.

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La tortue rouge destaca por su destreza narrativa, su calidez emocional y su sensibilidad artística. Una propuesta valiente e inusual para estos tiempos de morralla cinematográfica.

Nota: 8,5/10

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2 comentarios sobre “La tortuga roja (La tortue rouge, 2016), de Michaël Dudok de Wit.

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