Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975), de Dario Argento.

“A veces, lo que vemos realmente y lo que imaginamos, se mezcla en la memoria como un cóctel en el cual ya no puedes distinguir los sabores”.

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Marcus Daly (David Hemmings), un pianista británico de jazz afincado en Roma que es testigo ocular del brutal asesinato de una conocida vidente, inicia por su cuenta una investigación para descubrir la identidad del asesino.

Si iniciásemos el infructuoso debate en torno a cuál es la mejor película del director italiano Dario Argento, casi con toda seguridad dos serían los títulos que se disputarían semejante honor: Profondo rosso y Suspiria (sin olvidar a Ópera, 1987) , ambos realizados en el breve intervalo de dos años, entre 1975 y 1977. El primero de ellos, el que nos ocupa y por el que yo votaría, muy posiblemente constituya la cima del giallo, ese subgénero italiano precursor del cine gore que mezclaba el thriller psicológico con el cine de terror, que tanto éxito comercial obtuvo durante la década de los 70.

Rojo oscuro es un giallo maestro de principio a fin; un prodigioso ejercicio de virtuosismo técnico y tensión narrativa sólo apto para paladares exquisitos aficionados a lo fílmicamente macabro. Pocas obras cinematográficas aúnan de manera tan magistral el suspense y el horror. Si acaso Psicosis (Psycho, 1960), de Alfred Hitchock; aunque la película de Argento sea mucho más violenta y explícita que la masterpiece del autor británico. El rojo del título inunda la impactante secuencia de apertura en el teatro, y borbotea del cuerpo de cada una de las víctimas en las sofisticadas escenas de asesinato de esta frenética ópera de sangre.

Durante la secuencia de títulos de crédito iniciales, y a modo de prólogo, Argento nos “muestra” en un plano fijo un crimen perpetrado fuera de campo. La escena resulta especialmente turbadora y escabrosa por transcurrir en Navidad y por la canción infantil que suena de fondo. Un enorme cuchillo de cocina manchado de sangre y unos zapatos de niño entran en el encuadre antes del fundido en negro. Finalizan los títulos de crédito, que funcionan aquí como eficaz elpipsis temporal. Han pasado los años. Ahora la cámara del realizador romano, ejerciendo de punto vista subjetivo, introduce a los espectadores en un teatro donde tiene lugar una conferencia sobre parapsicología. La invitada estrella es Helga Ulmann (Macha Méril), una reconocida vidente alemana con inusuales poderes extrasensoriales. Mientras departe sobre la materia, Helga advierte al foro de la presencia en la sala de alguien con pensamientos asesinos. Alguien que ha matado en el pasado y que volverá a matar. La vidente, visiblemente conmocionada, llega incluso a presentir su propio asesinato a manos del misterioso criminal que la observa. Asesinato que se producirá poco tiempo después, en el interior de su apartamento, y del que Marcus Daly, vecino de la víctima, será testigo sin llegar a reconocer los rasgos del verdugo. Tan sólo que lleva una gabardina marrón. Estos primeros minutos de metraje suponen todo un ejemplo de tensión y suspense.

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A lo largo de la película, la cámara de Argento se mueve con su habitual ampulosidad y destreza dentro de una puesta en escena barroquizada y atmosférica. Destacando el uso de planos secuencia, de planos detalle y del punto de vista subjetivo.

Además de la secuencia inicial y el posterior asesinato de la vidente, al menos otras dos escenas formarían parte de un hipotético The Best of Dario Argento”: las de los truculentos crímenes de la escritora y del profesor Giordani. Argento es probablemente el único cineasta que ha sido capaz de convertir el más brutal de los asesinatos en arte cinematográfico.

Profondo rosso, casi una obra maestra.

Nota: 8/10

10 comentarios sobre “Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975), de Dario Argento.

  1. El problema de éste tipo de películas es el contenido de violencia injustificada.
    Por un momento creí que le pondrias un 10/10 (tuve miedo😲)

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  2. Ah, estos muchachos del giallo! ¿Habréis visto la que creo que fue la única incursión de Mario Bava en el género? Reazione a catena, creo se llama.

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      1. Anotado: la próxima vez que comente haré mejor mi tarea 🙂 Pero decidme, ¿el Bava precursor del giallo es mejor o peor que el mejor Argento?

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          1. (Solo para aclarar) Creo que me he “oído” algo abrupto allá arriba. Gracias por el dato (que sí me fue útil) y tu opinión.
            Saludos!

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  3. La Capilla Sixtina del sufrimiento estilizado y psicológicamente cuestionable, pero sensorialmente divino. David Hemmings casi hace una réplica de su propio papel en Blow-Up jajajaja. Me alegra la mención de ‘Opera’ .
    Un abrazo.

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  4. Unos créditos iniciales a los que acompaña la estridente y atractiva música de GOBLIN y atravesados por una secuencia que ya nos mete de cabeza en un terrible asesinato, dan paso a la función preparada por Argento, y en el lugar más indicado: un teatro, donde asistimos a una demostración de poder psíquico de la mentalista Helga Ulmann, en estado de shock tras haber leído el pensamiento a uno de los espectadores, culpable de un crimen. Así se establecen tres elementos básicos: la importancia psicológica en la que se apoyará la historia, la atención que el director brinda al color rojo, cuyos tonos resaltan con especial intensidad, y el punto de vista del culpable. La premisa, sin embargo, hará retroceder al director sobre sus propios pasos.
    Tal como ocurría en cada uno de los títulos de su Trilogía de los Animales, en “Rojo Oscuro” también aparecerá un inocente que será testigo de un asesinato sin solución, en este caso el pianista Marc. Premisa basada en el clásico “whodunit” por la que planea la sombra de Hitchcock en todo momento, desvelando el italiano su gusto por “Psicosis”, “Crimen Perfecto”, “Frenesí” o “Vértigo” (el póster es un claro homenaje al de aquella) mientras hace hincapié en la fascinación que provoca el asesinato, lo cual se revela de diversas formas, tanto por medio de la palabra (Marc confiesa interesarse en el caso por el morbo) como de las acciones (el alfiler que sujeta Amanda para defenderse, el puñal con el que juega Giordani).

    Pareciera que todos los personajes se hallan atrapados por la embriagadora esencia del acto criminal. La intriga del cada vez más enrevesado argumento se escora hacia el terror cuando llegamos a la antigua mansión, sobresaliendo el espíritu de Mario Bava y Allan Poe, y poco a poco el violento “thriller” queda transmutado en un cuento macabro que nos arrastra al mismo corazón de las tinieblas (escenificado en aquella entrada nocturna donde el protagonista decide averiguar qué oculta la habitación tapiada); el film llegará a la autoparodia hacia el final en un ejercicio de confusión atolondrante pero nada es lo que parece. La realidad de Argento no es distinta de la reflejada en el espejo, y por tanto, al igual que Marc, acabamos hábilmente embaucados.
    Pero lo que convierte a “Rojo Oscuro” en un gran “giallo” es sin duda su aspecto técnico, esa atmósfera cuidadosamente construida por el director que logra engullirnos en un abrir y cerrar de ojos; Argento hipnotiza al espectador con su manejo de la cámara, deslizándola por el escenario prestando especial atención en los detalles (los objetos del asesino mostrados en un travelling sensacional, la gota de sudor en la frente de Marc, el ojo en mitad de la oscuridad, el vapor en los azulejos) y creando una sensación de desasosiego indescriptible durante las secuencias de los homicidios, enfatizando la extrema brutalidad y el color rojo de la sangre, al que confiere un brillo muy particular.

    Sirviéndose de momentos escalofriantes (el niño-robot acercándose a la cámara) y vomitivos (la muerte de Martha) apoyados en el buen trabajo de fotografía de Luigi Kuveiller, la estimulante banda sonora y la puesta en escena, que juega con las luces, las sombras y la intesidad de los tonos, el italiano confiere elegancia a lo repugnante y despiadado, en definitiva, a la violencia, que se percibe realista y grotesca; todo transformado en puro arte, y para ello se necesita talento, señoras y señores. Entre tanto contamos con actores decentes y poco más, donde destacan Glauco Mauri, Macha Méril, esa siniestra Clara Calamai y David Hemmings, por empachoso que resulte.
    Aun con sus evidentes fallos (personajes innecesarios que vienen y van, conocidos clichés del género, las sobrantes escenas entre Marc y Gianna), “Rojo Oscuro” puede situarse, sin temor a equivocarnos, entre los más memorables trabajos del cineasta y los mejores “giallos” de la Historia, siendo de gran influencia para posteriores obras de Carpenter, Cronenberg, Lynch, Tarantino, (Kiyoshi) Kurosawa y sobre todo DePalma, amén de los italianos Fulci y Lamberto Bava.

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