Bandas sonoras: Train to Busan (2016). Jang Young-gyu.

Un texto de Antonio Miranda.

Su blog.

090578

PARTITURA QUE QUIERE Y NO PUEDE. Composición desequilibrada de forma patente de un filme que, tras un gran éxito en las pantallas de todo el mundo, adolece, al menos en el apartado musical, de importantes errores que afectan al conjunto de manera clarísima. La insuficiencia queda registrada desde su aplicación a la pantalla hasta su registro en la partitura en sí, como música pura. En ningún momento de la obra llegamos a sentir una implicación real de las notas con la atmósfera que deben dibujar; en ningún instante la música, escuchada de forma aislada, podría ‘’gritarnos’’ qué personaje actúa, qué lugar aparece o qué situación terrorífica está por llegar.

Intento que se golpea bruscamente contra la intención del director, el surcoreano Yeon Sang-ho, y que supone uno de los ejemplos más claros de cómo no componer para cine: curiosa situación, al término del filme, en la que (estupefacto) uno puede experimentar la salida de la sala o la visualización completa de los créditos finales escuchando un tema original del compositor, variante de las partes de acción que durante la historia se han sucedido, que más bien pareciera querer hundir la atmósfera de terror y angustia que se ha generado (nunca por parte de la composición) y en el que, por más que se preste atención o se quiera, nunca encontraremos una mínima referencia musical que te haga sentir, pensar o imaginar alguna secuencia vista. Decepcionante.

Jang young-gyu compone, sí, pero descompone al mismo tiempo el conjunto que, si un verdadero cineasta musical se hubiera encargado de la obra, hubiera conseguido una calidad bastante superior a la que la película finalmente posee. El desajuste es máximo, desorbitadamente reflejado en el amasijo formado por el empleo inadecuado de sonidos sintetizados con otros orquestales, un piano realmente flojo (pretendiendo en ocasiones imitar las sencillamente hermosas melodías del maestro Joe Hisaishi) y una percusión que, durante algún instante, parece fusionarse con el sonido de cualquier teléfono móvil escuchándose de pronto en la sala.

train-busan

En definitiva, obra que, salvando los momentos más íntimos del final, supone una de las peores bandas sonoras de la reciente historia del cine y de la que sólo se puede sacar las positivas enseñanzas de cómo no ‘’musicar’’ una historia. Ejemplo de cómo la música puede perjudicar seriamente la estructura final de una película.

Nota: 3/10

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