El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), de Sergio Leone.

“El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas”.

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En plena Guerra de Secesión norteamericana, un cazarrecompensas (Clint Eastwood), un bandido (Eli Wallach) y un asesino a sueldo (Lee Van Cleef), buscan un tesoro confederado que se halla oculto en un cementerio. Cada uno de ellos necesita de los otros dos para poder encontrarlo.

A estas alturas, nadie duda ya de que el western, al menos en su vertiente estilística, se reformuló en manos de Sergio Leone cuando el cineasta italiano, que venía de realizar un par de peplums bastante mediocres, decidió llevar a cabo un remake del Yojimbo de Akira Kurosawa. A Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964) le siguieron La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più, 1965) y el filme que nos ocupa, cerrándose de este modo la llamada “trilogía del dólar” o “trilogía del hombre sin nombre”, que supuso el encumbramiento de su director. Leone había querido que Henry Fonda interpretase sus películas (lo conseguiría finalmente unos años después en C’era una volta il west, su obra maestra), pero la falta de presupuesto le obligó a contratar a un actor por entonces desconocido: un Clint Eastwood a quien el papel de pistolero apático e imperturbable terminaría por convertirlo en una auténtica leyenda.

Durante la primera media hora, la más brillante junto con el duelo final en el cementerio, Leone presenta a los tres personajes principales con apenas unas líneas de diálogo. Una leyenda con sus respectivos apodos del título, se graba sobre el fotograma congelado de cada uno de ellos: Tuco, “el feo”; Sentenza, “el malo”; Rubio, “el bueno”. En un principio, Tuco y Rubio forman una sociedad con el fin de conseguir dinero. El primero, un delincuente perseguido, es entregado a las autoridades de distintas localidades por el segundo a cambio de las correspondientes recompensas que se ofrecen por su cabeza. El modo que tienen de operar es siempre el mismo: cuando Tuco va a ser ahorcado, Rubio, situado en algún lugar cercano a la ejecución, dispara a la soga y ambos huyen camino de otro pueblo al que estafar. Con cada huida, el precio por la cabeza de Tuco aumenta, y, por tanto, también lo hace el botín a conseguir en la próxima estación. Pese a que esta curiosa sociedad acaba rompiéndose por culpa de la ambición, la complicidad entre sus dos miembros se mantendrá a lo largo de toda la cinta. Al margen de estos dos granujas se encuentra Sentenza, asesino despiadado que se entera de la existencia del tesoro cuando realiza uno de sus “encargos”. Sin embargo, para encontrarlo precisa de Tuco y Rubio, quienes por cuestiones del zar han descubierto el nombre del cementerio y de la tumba donde se halla. Lo curioso del caso, es que mientras uno sólo sabe una cosa, el otro sólo sabe la otra, por lo que su colaboración se hace igualmente necesaria.

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El filme está plagado de los habituales primeros y primerísimos planos del cine de su autor, que también experimenta con el estiramiento del tempo narrativo, característica que extremaría en su siguiente trabajo, y con la coreografía entre imágenes y música (inolvidable partitura de Ennio Morricone). Magníficas interpretaciones del trío protagonista, sobre todo de Eli Wallach.

En su contra se puede argumentar un excesivo metraje, lo poco creíbles que resultan algunas situaciones del guión y cierta precariedad de medios en las secuencias a gran escala (las batallas entre nordistas y sudistas). Pese a ello, El bueno, el feo y el malo constituye uno de los ejercicios westernianos más gozosos y populares de la historia del séptimo arte.

De visión obligada.

Nota: 8/10

7 comentarios sobre “El bueno, el feo y el malo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966), de Sergio Leone.

  1. Cuando la vi por primera vez no me creí que la escena de un feo corriendo a través de un cementerio hiciera que un hormigueo de regocijo me atacara la columna vertebral. Ñáñaras, aquí les decimos; no sé si exista un equivalente en España, pero son efectos secundarios del buen cine. Y de partituras tan inolvidables.
    Saludos.

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  2. Una pelicula impresindible en la hisotiria del cine, pensar que en la actulidad el grupo de thrash Metallica utiliza la escena del cementerio como intro en sus conciertos.

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  3. Pues ya somos dos los que no amamos esta película. Y efectivamente yo no tengo alma, sencillamente por su falta de existencia. El cine de Leone en general me parece nefasto, con excepción de la notable Érase una vez en América. Entrar a analizar los motivos me llevaría demasiado tiempo o poco, según se mire. Y, desde luego, de lo peor el uso de la música, entre otras muchas cuestiones tanto estéticas como de fondo. En cualquier caso hay que respetar las opiniones ajenas y no dogmatizar demasiado, máxime teniendo en cuenta un cine tan particular. Un saludo.

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  4. Ricardo: Buenísima tu crónica de esta película. Me gustaría que escribas sobre Once Upon a Time in the West que defines aquí como LA obra maestra de Leone. Con el tiempo he llegado a coincidir con vos. Me divierto mucho más con Once Upon a Time in America pero me parece que a dicha película le falta la perfección que sí tiene esta que te pido que comentes.
    Saludos.

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