El decálogo (Dekalog, 1989-1990), de Krzysztof Kieslowski.

“Yo no creo en Dios, pero mantengo una buena relación con él”.

(Krzysztof Kieslowski)

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Serie dividida en diez episodios de poco menos de una hora de duración, inspirados en cada uno de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios revelados a Moisés.

Decálogo 1. Soy el Señor, tu Dios (Dekalog, jeden).

Pawel (Wojciech Klata) es un niño de unos ocho años que vive junto con su padre Krzysztof (Henryk Baranowski), profesor universitario, en un apartamento de Varsovia.

En este primer episodio, el realizador polaco se pregunta acerca del significado de la existencia y de la muerte a través de la ingenua mirada de un niño cuyos padres viven separados. El pequeño se encuentra atrapado entre dos corrientes: la atea y racional que representa su padre; y la religiosa y emocional que personifica su tía (Maja Komorowska). Se trata de un filme sumamente enigmático (¿quién es el personaje que aparece sentado en la calle junto al fuego, y que aparecerá también en otros capítulos de la serie? ¿Quizá un ángel?), en el que la vanidad humana y científica se ven superadas ante los trágicos e inextricables acontecimientos del destino.

Decálogo 2. No invocarás el nombre de Dios en vano (Dekalog, dwa).

Un viejo doctor (Aleksander Bardini) es asediado por su vecina (Krystyna Janda), una violinista cuyo marido agoniza en el hospital en el que el facultativo trabaja.

Este segundo mediometraje se centra en la relación que se establece entre dos vecinos de un mismo edificio (el bloque de apartamentos de hormigón de la época marxista-socialista que aparece en todos los capítulos). Dorota quiere saber de boca del viejo doctor si su marido, quien se debate entre la vida y la muerte en el hospital, va a sobrevivir o no para tomar una decisión acerca del bebé que espera, fruto de su relación con otro hombre. En función de lo que le diga, optará por continuar con el embarazo (si su marido fallece) o, por el contrario, abortarlo (si su marido sobrevive). Kieslowski plantea un complejo dilema moral relativo al origen de la propia vida. Aquí no es Dios quien decide sobre el futuro del nonato, sino el personaje del médico. Los dos intérpretes principales están magníficos.

Decálogo 3. Santificarás las fiestas (Dekalog, trzy).

Nochebuena. Ewa (Maria Pakulnis) recurre a Janusz (Daniel Olbrychski), su antiguo amante, para que la ayude a encontrar a su marido, quien, al parecer, ha desaparecido.

La soledad, representada por esas desiertas calles de una Varsovia helada durante la noche de Nochebuena, constituye el tema principal de este tercer mediometraje de El decálogo. La soledad y el desesperado intento por escapar de ella de la protagonista, a quien una infidelidad descubierta le arrebató todo cuanto poseía. Un cuento navideño a lo Kieslowski.

Decálogo 4. Honrarás a tus padres (Dekalog, cztery).

Anka (Adrianna Biedrzynska), joven de veinte años que estudia tercero de interpretación, vive en compañía de su padre Michal (Janusz Gajos), con quien mantiene una excelente relación. Cuando este sale de viaje unos días por cuestiones de trabajo, la joven se ve tentada a abrir una carta dirigida a ella que, en teoría, no debería abrir hasta la muerte de su progenitor.

Uno de los episodios más sutiles y complejos de la serie, donde los secretos revelados y la mentira juegan un papel fundamental en una relación paternofilial de reminiscencias edípicas. Kieslowski vuelve a dar una lección sobre cómo dirigir a sus actores.

Decálogo 5. No matarás (Dekalog, piec).

En este relato confluyen, para mal, las vidas de un abogado recién licenciado (Krzysztof Globisz), un taxista (Jan Tesarz) y un joven descarriado (Miroslaw Baka).

Versión reducida de la película de Kieslowski No matarás (Krótki film o zabijaniu, 1988), Premio del Jurado y Premio FIPRESCI en el Festival de Cannes. Su metraje pasa de ochenta y cuatro a cincuenta y siete minutos. El autor de La doble vida de Verónica se cuestiona aquí la eficacia de las leyes humanas como instrumento para evitar los delitos, y condena el asesinato, ya sea a manos de un individuo o de la maquinaria legal del Estado (pena de muerte). El mejor episodio de la serie y una de las cumbres de la filmografía de Kieslowski. Obra maestra de impactante crudeza.

Decálogo 6. No cometerás adulterio (Dekalog, szesc).

Tomek (Olaf Lubaszenko) es un joven de diecinueve años que espía a través de la ventana su hermosa vecina Magda (Grazyna Szapolowska), mayor que él.

Como el episodio anterior, otra versión reducida, esta vez del filme No amarás (Krótki film o milosci, 1988), Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián. Kieslowski reflexiona sobre temas como el amor, la obsesión, el sexo o el desengaño en un relato que bebe del voyerismo cinematográfico de la obra maestra de Alfred Hitchcock La ventana indiscreta (Rear Window, 1954). Magistral dirección del realizador polaco. Una maravilla.

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Decálogo 7. No robarás (Dekalog, siedem).

Ania (Katarzyna Piwowarczyk), de seis años, es hija de Majka (Maja Barelkowska), aunque ha crecido pensando que su madre es Ewa (Anna Polony), cuando en realidad es su abuela.

Este séptimo episodio de la serie plantea un profundo enfrentamiento entre madre e hija que puede recordar por su origen traumático al expuesto por Ingmar Bergman en Sonata de otoño (Höstsonaten, 1978). La causa no es otra que la custodia de una niña que en su momento fue registrada como hija de su abuela porque su auténtica madre la tuvo siendo aún adolescente tras una relación furtiva mantenida con su profesor. Ahora la madre quiere recuperarla, algo a lo que la abuela, egoísta, se opone.

Decálogo 8. No mentirás (Dekalog, osiem).

Una vieja profesora universitaria (Maria Koscialkowska) debe hacer frente a una controvertida decisión de su pasado en la figura de Elzbieta (Teresa Marczewska), una polaco-estadounidense a la que pudo haber salvado la vida cuarenta años atrás.

Kieslowski nos propone aquí otro dilema moral, al confrontar los miedos y principios pasados de una profesora de ética que quizá tomó una decisión equivocada en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, cuando la Polonia judía agonizaba bajo el horror nazi. Como curiosidad, señalar que el problema ético que plantea una alumna como práctica en el transcurso de una clase, remite directamente al segundo episodio la serie.

Decálogo 9. No desearás a la mujer de tu prójimo (Dekalog, dziewiec).

Roman (Piotr Machalica), cirujano de profesión, sufre un duro varapalo cuando recibe la noticia de que se ha quedado impotente para siempre.

Uno de los episodios de mayor tensión dramática de toda la serie, especialmente en su tramo final. El matrimonio compuesto por Roman y Hanka (Ewa Blaszczyk) deberá afrontar una grave crisis a consecuencia de la disfunción sexual irreversible que sufre el primero. ¿Puede funcionar una relación de pareja sin que haya sexo de por medio? ¿Está el engaño justificado en un caso así? Kieslowski ahonda en la infidelidad y en sus consecuencias con este intenso drama filmado con su característica exquisitez visual.

Decálogo 10. No desearás los bienes ajenos (Dekalog, dziesiec).

Jerzy (Jerzy Stuhr) y Artur (Zbigniew Zamachowski), son dos hermanos que no se ven desde hace un tiempo, y que ahora se reúnen con motivo de la muerte de su padre, con quien mantenían una relación distante y del que heredan una valiosísima colección de sellos.

Kieslowski concluye su radiografía sobre el alma humana con esta simpática comedia negra sobre dos hermanos que acaban teniendo más cosas en común con su difunto padre de lo que en principio creían. Como en el resto de episodios de la serie, la puesta en escena vuelve a ser sobria y grisácea. Estupendo trabajo de los dos actores protagonistas. Cierre inolvidable para una monumental obra que es al cine lo que los cuentos de Chéjov son a la literatura.

Nota: 9/10

 

2 comentarios sobre “El decálogo (Dekalog, 1989-1990), de Krzysztof Kieslowski.

  1. Me encanta “El decálogo”, aunque a estas alturas ya debe haber quedado claro que se trata de una serie televisiva, no de una película. El mejor episodio debe ser el quinto, ya que no sólo muestra altas dosis de brutalidad, sino una estilización y cinematografía muy peculiares (a menudo los personajes son enmarcados en la negrura). Luego pondría el sexto, el cuarto, el décimo, y el resto me parecen al mismo nivel. Una gozada.

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