El soplo al corazón (Le souffle au coeur, 1971), de Louis Malle.

“De mis disparates de juventud lo que más pena me da no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos”.

(Pierre Benoit)

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Dijon, 1954. Laurent Chevalier (Benoît Ferreux), un chico de catorce años de edad perteneciente a una familia burguesa, empieza a saborear las mieles de la adolescencia.

Este notable filme, que causó revuelo en el momento de su estreno por mostrar una relación incestuosa entre madre e hijo, es quizá el más autobiográfico y relajado de la carrera cinematográfica de Louis Malle, quien explora con un arrojo que incluso hoy sorprende, esa etapa de la vida tan fundamental, metamorfoseante, contradictoria y torrentosa que es la pubertad.

En Le souffle au coeur, el autor de Adiós, muchachos (Au revoir les enfants, 1987), responsable de un lúcido guión nominado al Óscar que se basa en vivencias referidas a su propia adolescencia, nos presenta a Laurent Chevalier, un zagal de existencia despreocupada, alter ego del cineasta, que, como la mayoría de chicos de su edad, comienza a experimentar con el tabaco, el sexo y el alcohol incitado por sus dos hermanos, ambos mayores que él. Laurent, aficionado a la música de Charlie Parker y Dizzy Gillespie, y lector temprano de Albert Camus, Marcel Proust o Boris Vian, mantiene un conflicto edípico con sus progenitores, lo que se traduce en cierto rechazo hacia la figura del padre (Daniel Gélin), y un desmesurado afecto hacia la de la madre (Lea Massari). Malle también realiza el retrato diario de una familia burguesa acomodada completamente indiferente a los problemas de su tiempo, con el agitado trasfondo sociopolítico de la guerra de Indochina.

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La película se estructura en dos partes muy bien delimitadas: la que transcurre en Dijon, y la que tiene lugar en el balneario al que Laurent y su madre se trasladan temporalmente una vez que al pequeño de los Chevalier le es detectado un soplo cardíaco. La fotografía de Ricardo Aranovich pasa de los tonos grises y azulados predominantes en la primera parte a otros más cálidos y luminosos en la segunda, coincidiendo con el cambio estacional.

Malle engalana al relato con su habitual elegancia formal, mostrando gran sensibilidad y sutilidad en el tratamiento de una relación maternofilial que deviene en incesto nada morboso. El director no emite juicios al respecto, entendiendo el hecho como algo natural que puede darse en determinadas situaciones.

El soplo al corazón refleja como probablemente no lo haya hecho ninguna otra obra cinematográfica la transición de la niñez a la pubescencia. Tratándose de un filme valiente, vivaz y divertido.

Nota: 8/10

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8 comentarios sobre “El soplo al corazón (Le souffle au coeur, 1971), de Louis Malle.

  1. Malle es un director que siempre esta a la sombra de lo que fueron los Godard, Truffaut o Melville, pero es uno de los más prolíficos y versátiles en su obra, en constante evolución. No se le da el crédito que merece muchas veces.

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  2. Me parece que has descrito muy bien la película en tu comentario. Ya que “El soplo al corazón” cuenta de manera sutil y elegante un hecho que siendo tabú en nuestra sociedad puede darse en determinadas circunstancias, sin que llegue a ser algo forzado o traumático para nadie. Por lo menos así sucede en esta historia que nos cuenta el gran cineasta francés. Malle capta muy bien esa etapa de la adolescencia donde poco a poco vamos descubriendo el mundo adulto.
    No sé si la has hecho, pero éste podría ser tema para una de tus listas, películas que tratan la adolescencia.
    Un saludo, Ricardo.

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  3. Ricardo: Qué opinas de “Atlantic City” que es incluída por Steven Jay Schneider en su obra “Las 1001 películas que hay que ver antes de morir” junto con “El soplo al corazón” y “Adiós muchachos” como las tres películas más importantes de Malle. Yo no anticipo opinión porque me faltan ver tanto “El fuego fatuo” como “El soplo al corazón”. Sin embargo que desde ya puedo afirmar que me parece que “Ascensor para el cadalso” no puede faltar en esa selección. Saludos.

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