Misterios de Lisboa (Mistérios de Lisboa, 2010), de Raúl Ruiz.

“Vi tus ojos en la penumbra fría. En un castillo triste y mórbido. Desde lo alto de una escalera, un día en que el olvido todo arrebató menos tu mirada grave. Pero qué cosa tan singular y deleitosa ahora que veo tus ojos límpidos en su noche del castillo. En nuestro lecho lívido herido por el resplandor amenazador de tus pupilas tristes y benevolentes, veo de repente la imagen única de una mujer lunar y abierta surgiendo de las aguas como una ninfa”.

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Siglo XIX. Pedro da Silva (João Arrais), atormentado huérfano de catorce años que desconoce quiénes fueron sus progenitores, vive en el internado religioso del padre Dinis (Adriano Luz). Tras caer enfermo, le es revelada la identidad de su madre, y que es fruto de una apasionada relación prohibida.

Mistérios de Lisboa, del gran realizador chileno Raúl Ruiz, supone la sublimación cinematográfica (con permiso de Amor de Perdição: Memórias de uma Família, de Manoel de Oliveira) del folletín o melodrama decimonónico que tan popular se hizo en Europa como género literario. La película, poseedora de una puesta en escena de una exquisitez formal sin parangón alguno, adapta la novela homónima del escritor portugués romántico Camilo Castelo Branco (el filme de Oliveira también adaptaba una de sus obras). Ruiz obtuvo el Premio al Mejor Director en el Festival de San Sebastián.

Convergen en esta historia repleta de historias (al estilo del Manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki, llevado al cine por Wojciech Has), condesas desdichadas, sacerdotes con múltiples identidades, asesinos que hacen fortuna, duquesas vengativas, monjes con pasado libertino… relatos todos ellos repletos de enigmas, consecuencia de irrefrenables pasiones amorosas en el ámbito de la aristocracia portuguesa. Casi cada personaje encierra un misterio en relación a su origen y genealogía. La narración principal, referida al joven Pedro da Silva, se ve enriquecida por otras con las que se interconecta mediante casualidades que dan lugar a inesperados encuentros entre personajes por capricho del destino. Aquí, los fantasmas del pasado sobrevuelan el presente, enlazando tiempos y lugares sin afán de verosimilitud.

La cámara de Ruiz, superando las ampulosidades formales propuestas tiempo atrás por Welles, Ophüls o Visconti, se desplaza lentamente a través de un espacio cinematográfico que parece no tener secretos (ni barreras físicas) para él. El acompasado tempo de los planos secuencia en los que articula la compleja caligrafía visual de este culebrón convertido en obra maestra, a la altura de los concebidos por Angelopoulos o Tarr, permite saborear con detenimiento cada centímetro de su detalladísima puesta en escena.

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La narrativa literaria de Misterios de Lisboa, basada en el empleo de la voz en off en primera persona de diferentes personajes, hace del flashback (e incluso del flashback dentro del flashback) su principal recurso. Pese a la apariencia realista del filme, Ruiz utiliza elementos fantasiosos o de naturaleza onírica, como algunas visiones del pequeño Pedro, el uso de un teatro de cartón en miniatura para introducir la escena que sigue, o el hecho de que, en ocasiones, los personajes se “deslicen”, en lugar de andar, por el interior de palacios, amplios salones de baile o bucólicos paisajes y jardines.

Existen dos versiones, la cinematográfica, dividida en dos partes, de unos doscientos sesenta y seis minutos, y la televisiva, en formato de miniserie, de seis capítulos de una hora aproximada cada uno. Las dos, sendas obras de arte.

Nota: 10/10

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3 comentarios sobre “Misterios de Lisboa (Mistérios de Lisboa, 2010), de Raúl Ruiz.

  1. Hola Ricardo! Conocí hace poco tu blog, te felicitó por el gran trabajo que haces. Me sorprende gratamente encontrarme con cine de Raúl Ruiz por acá, especialmente de esta película que me parece una maravilla. Esperó siga teniendo espacio este director que para mi es uno de los grandes. Saludos de un chileno en Argentina

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  2. Una grandisima pelicula. Estilo quiza influenciado por el estilismo, atencion al detalle, complejidad de la estructura narrative y puesta en escena de Max Ophüls. La vi sin descansos, 4.5 horas de un cine que apenas ya se hace debido a la dinamica actual de nuestra sociedad. En mi lista de peliculas esenciales.

    Saludos!

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