Bandas sonoras: Rabbits (2002). Angelo Badalamenti.

Un texto de Antonio Miranda.

Su blog.

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Mediometraje del director David Lynch, presentado bajo la unión de varios capítulos y en los que, aparentemente, la música es la misma. No es así. Tiene levísimos matices, variaciones, pero siempre circular, estática y directa.

A los 17 minutos, el protagonista masculino ya ha entrado y salido de la habitación varias veces, prácticamente de la misma forma. Las conversaciones, varias también, van y vienen pareciendo formar círculos sin inicio ni fin. No podía ser de otra manera la atmósfera críptica, circular y sin un sentido inicial ni otro final que Angelo Badalamenti fabricase para esta obra experimental y desequilibrada en apariencia. El equilibrio interno, oculto, tal vez más patente de lo que pensamos, se apoya en los calificativos anteriores de la música aderezados por uno más: la templanza.

¿Puedes elaborar tu propia historia conexa enlazando sentidos, aparentemente desaparecidos, de las palabras o grupos que los personajes pronuncian en los dos monólogos del mediometraje? Así es. Brotarían de la atmósfera negra cientos de miles de distintos conceptos vitales derivados de la escena, y tales sí con un hilo de unión: eso es la música de Badalamenti. El compositor emplea sólo sintetizador, nunca abandona los acordes y estos los agrupa en variación prácticamente única de dos notas, de un ir y venir, de un vaivén: ahora sí, ahora no. La misma contraposición que en los monólogos surge al dispararse los extremos entre un término y el siguiente. Interesante equilibrio cuando, en apariencia, no lo hay.

El misterio generado por la composición no es, en absoluto, tal. Mucho se ha escrito y comentado a este respecto; no obstante, hemos de afirmar aquí que la ‘evolución estática’ de la historia, de su lenguaje, de su imagen argumenta firmemente una característica directa, nunca oculta. Escondida está su interpretación, tu interpretación, pero no el sentido. El entendimiento es dispar, subjetivo y el sentido claro, luminosamente negro: la no inserción en el argumento de una historia evolutiva dinámica que genere acontecimientos nos otorga veracidad a la tesis musical que presentamos: la partitura resulta una mano feroz, aunque  sutil al tiempo, que aprieta tu cuello y te ahoga. Lo hace, no lo insinúa ni te lleva a pasajes oscuros para terminar contigo. De ahí que no refleje misterio o intriga y sí una especie de crimen filosófico.

El concepto más importante para comprender ‘Rabbits’ e insertar la congruencia de su música en el conjunto es: herramienta. El cine experimental (y, por tanto, su música experimental en concepto y minimalista en extremo) es una idea, una pieza, un principio que ofrecen sus directores y que, con riesgo y atrevimiento, los espectadores hemos de usar, interpretar y desglosar. De ahí la afirmación de la música lejana al misterio (cerca del cual nunca podría ser herramienta). ‘Rabbtis’ no es misterio, no es terror. Como hemos dicho, no existe evolución dinámica, sino estática, y su paradigma más visible es la música. La partitura no nos lleva: nos da.

El bucle de literatura e imagen que supone ‘Rabbits’; el bucle de música que supone ‘Rabbits’; el bucle de interpretaciones que supone ‘Rabbits’; el bucle que supone ‘Rabbits’; el bucle que supone ‘Rabbits’; el bucle que supone ‘Rabbits’…; sólo tú puedes salir de él.

Nota: 8/10

2 comentarios sobre “Bandas sonoras: Rabbits (2002). Angelo Badalamenti.

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