SEFF´17: ‘Krizácek’ y ‘Una questione privata’.

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Krizácek (2017), de Václav Kadrnka. República Checa/Eslovaquia/Italia. 87 min. Sección Oficial.

Filme incontestablemente bello, sobrio y luminoso, que, partiendo de una premisa muy sencilla, trasciende su propio argumento hasta alcanzar connotaciones de revelación en tiempos de confusión y tinieblas. Obtuvo el Globo de Cristal a la Mejor película en el Festival Internacional de Karlovy Vary.

Krizácek remite por su rigurosa estética y composición a las películas medievales de otro cineasta checo, Frantisek Vlácil, en especial a El valle de las abejas (Údolí vcel, 1968), también ambientada en tiempos de las Cruzadas. Aquí, un caballero (Karel Roden) emprende la búsqueda de su pequeño hijo, Janik (Matous John), quien, quizá iluminado por la providencia (la escena frente a la ventana con la que se abre la obra), se ha escapado de su hogar revestido con una armadura y una espada de juguete. El padre, apoyándose únicamente en un retrato del infante bordado sobre un pañuelo, pregunta a todos aquellos desconocidos con los que se topa en su camino. Porque el filme que nos ocupa es un relato itinerante; una “road movie” a caballo por los misteriosos caminos de Dios.

La película avanza con premiosidad a través de hermosos paisajes boscosos y escarpados, con destino último en las costas junto al mar donde los cruzados se embarcaban en dirección a Tierra Santa. Kadrnka apuesta por largos planos fijos contemplativos, testigos de amaneceres y crepúsculos magistralmente captados por la dirección de fotografía de Jan Baset Stritezsky, prodigiosa en el tratamiento de la luz con un sentido simbólico.

Hay en Krizácek una secuencia de flashback de montaje muy sutil, cuando el caballero llega a la cabaña del ermitaño en el bosque, en la que previamente ha estado su hijo. En ella, el espacio se emplea como elemento sobre el que se superponen dos tiempos (el antes y el ahora) de manera espléndida.

Inspirado en la llamada Cruzada Infantil o Cruzada de los Niños acaecida en 1212, el presente y enigmático filme, rodado en el cada vez más usual formato 4:3, se ha convertido quizá en mi favorito de esta edición del festival.

Nota: 8/10

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Una questione privata (2017), de Paolo y Vittorio Taviani. Italia. 84 min. Sección Oficial Fuera de Concurso.

Los octogenarios hermanos Taviani, galardonados en esta edición del festival con el Giraldillo de Honor por su  dilatada carrera, presentan el que hasta el momento es su último trabajo, una adaptación de la novela homónima de Beppe Fenoglio publicada en 1963.  Una questione privata constituye un hermoso filme ambientado en tiempos de la Guerra Civil Italiana, a finales de la Segunda Guerra Mundial, en el que, en medio del caos de la conflagración, aún hay tiempo para el amor, la nostalgia y la amistad.

El protagonista (Luca Marinelli), un partisano al que llaman Milton (como el poeta del siglo XVII) por su destreza con el inglés, recuerda a Fulvia (Valentina Bellè), la chica turinesa de buena familia a la que ama desde que se la presentara su gran amigo Giorgio (Lorenzo Richelmy), quien también parecía interesado en ella. En plena guerra, Milton visita la villa familiar de Fulvia, en las colinas, ahora abandonada, y tras hablar con la criada, que le da a entender que Fulvia y Giorgio tuvieron un affaire después de que él partiera, decide emprender la búsqueda de su amigo, enrolado en otra brigada, para aclarar la situación: una odisea a través del conflicto bélico alentada por una locura de amor. Durante aproximadamente la primera mitad del metraje (sin duda la mejor), los Taviani alternan escenas del presente, enmarcadas por una atmósfera fría y neblinosa, con escenas de un pasado cálido en las que Milton rememora sus encuentros con Fulvia (su particular “paraíso perdido”), siempre acompañada, a modo de leitmotiv, por el tema Over the Rainbow perteneciente a la banda sonora de El mago de Oz (The Wizard of Oz, 1939). Luego el guión se centra esencialmente en los desesperados intentos del personaje principal por encontrar un prisionero enemigo para poder intercambiarlo por Giorgio, capturado por los fascistas.

La película, bien narrada y mejor filmada, contrasta visual y espacialmente presente y pasado, no omitiendo pese a su belleza puntuales pasajes crudos relativos al conflicto. Sobran, por resultar innecesarios, el par de flashbacks en los que no aparece Fulvia, así como el “momento baterista” del prisionero fascista. Con todo, los Taviani demuestran que siguen gozando de una gran salud cinematográfica. Ojalá les dure mucho tiempo más.

Nota: 7/10

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