SEFF´17: ‘La caméra de Claire’ y ‘Happy End’.

2017 - Claire's Camera 3

La caméra de Claire (2016), de Hong Sang-soo. Francia/Corea del Sur. 69 min. Special Screening.

Obra menor del gran cineasta surcoreano en la que, no obstante, pueden apreciarse las habituales constantes formales y temáticas de su filmografía. La caméra de Claire, filme relajado de vocación lúdica que apenas sobrepasa la hora de metraje, se rodó durante el Festival de Cannes del año pasado.

La trama, prácticamente anecdótica, se desarrolla a lo largo del Festival de Cine de Cannes de 2016. Jeon Manhee (Kim Min-hee), una joven distribuidora de películas, es despedida por su jefa, la productora Nam Yanghye (Chang Mi-hee), por haberse acostado con su pareja, el director cinematográfico So Wansoo (Jung Jin-young), alter ego de Sang-soo (uno más), alcohólico y mujeriego. Un día, Manhee conoce por casualidad a Claire (Isabelle Huppert), una profesora de música aficionada a la fotografía, y que, casualmente, también conoce a Yanghye y a So Wansoo. Como puede observarse, la cinta se vertebra en torno a los encuentros casuales y las complejas relaciones sentimentales entre adultos. Puro Sang-soo, que vuelve a resolver sus secuencias (casi siempre alrededor de la mesa de algún restaurante o terraza donde se come, y, sobre todo, se bebe) a través de larguísimos planos en los que hace uso de panorámicas y zooms de acercamiento o alejamiento en función de si quiere cerrar o abrir el encuadre.

El personaje de Claire, quien se encuentra en Cannes acompañando a una amiga directora y hace fotos con su cámara porque, según ella, “la única manera de cambiar las cosas es volver a verlas con detenimiento”, sirve de nexo entre el de Manhee y la madura pareja formada por Yanghye y So Wansoo.

Película pequeña, desenfadada y sin pretensiones de ningún tipo, que seguro gustará a los admiradores del imprescindible autor de Ahora sí, antes no.

Nota: 6,5/10

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Happy End (2017), de Michael Haneke. Francia/Austria/Alemania. 107 min. Selección EFA.

En Happy End (tratándose de Haneke el título es, obviamente, puro sarcasmo), el autor de Funny Games desnuda sin concesiones los pecados y miserias de la alta burguesía a través del retrato mordaz de la familia Laurent. La película, de planteamiento algo disperso, remite en su desarrollo, y a modo de déjà vu, a otras obras del cineasta austríaco de origen alemán como El vídeo de Benny (Benny’s Video, 1992) o Amor (Amour, 2012).

El filme se abre con grabaciones caseras realizadas con un móvil que se intercalan con los títulos de crédito iniciales. La autora de tales grabaciones no es otra que Eve (Fantine Harduin), una niña de trece años, hija de Thomas Laurent (Mathieu Kassovitz), que, tras el intento de suicidio de su madre (protagonista de las grabaciones), debe trasladarse a Calais para vivir con la familia de su progenitor, de la que forman parte Georges (Jean-Louis Trintignant), el patriarca, Anne (Isabelle Huppert), su hija mayor y principal responsable de la empresa de construcción familiar, Pierre (Franz Rogowski), el hijo de esta, y Anais (Laura Verlinden), la joven esposa de Thomas.

Inicialmente, la trama de Happy End se articula a partir de dos líneas dramáticas que implican a los Laurent: el ya mencionado intento de suicidio de la madre de Eve, a la que Thomas abandonó años atrás, y un accidente laboral en una de las obras de la empresa. Partiendo de ahí, Haneke deja que, poco a poco, vayan aflorando los vicios y desviaciones de una familia marcada por una evidente falta de afectividad entre sus miembros.

Pese a estar rodada de manera impecable (la cinta contiene algunos de los planos secuencia más elaborados de la carrera del director), y de contar con un reparto espléndido en el que destaca el gran Jean-Louis Trintignant con un personaje que casi podría definirse como la continuación de aquel otro que interpretase hace unos años en Amor (ambos se llaman Georges), al espectador le queda la sensación de que Haneke no aborda aquí nada que no hubiese abordado antes y mejor en otros trabajos. Además, temas como el de la inmigración africana en Francia parecen metidos con calzador.

En definitiva, una buena película coral de un enorme cineasta del que, eso sí, a estas alturas de la función todos esperábamos más, mucho más.

Nota: 6,5/10

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