LA POÉTICA DE LO COTIDIANO. Yasujiro Ozu. Gallo Nero Ediciones.

ozu llora en otoño tardio (1)

“Hacer sentir el pulso de eso que llamamos vida, sin utilizar acontecimientos especiales… eso es lo que he intentado por todos los medios llevar a la escena”. Así definía el propio Ozu, uno de los más grandes autores cinematográficos de todos los tiempos, la esencia de sus películas, ese “tesoro sagrado del cine” al que se refirió en su día el director Wim Wenders.

La poética de lo cotidiano, libro recientemente publicado por la editorial Gallo Nero, reúne una selección de textos (inédita en español), con una cronología que abarca treinta años, desde 1931 hasta 1962 (Ozu murió en 1963), en los que el autor de Cuentos de Tokio habla con su habitual sencillez y sabiduría sobre el cine en general, sobre sus películas y sobre su propia vida. Un corpus teórico (como los de Bresson o Tarkovsky) esencial para aproximarse y entender mejor su particular visión del cinematógrafo.

Para que el lector se haga una idea de lo que va a encontrar si se adentra en las páginas de la presente obra, reproducimos aquí una serie de reflexiones salidas de la pluma del director:

Sobre la colocación de la cámara en sus filmes: “Yo tengo unas preferencias muy marcadas, por lo que es inevitable que también mis películas tengan cierta continuidad. Una de esas preferencias es el hecho de colocar una cámara en bajo y hacer las tomas desde ahí. Empecé a rodar así ‘La belleza del cuerpo’, cuando sólo hacía comedias. Cuando rodábamos la escena de un local nocturno, por ejemplo, a diferencia de hoy se hacía con pocas lámparas, y después de cada toma teníamos que ir cambiando las lámparas de un sitio a otro. Al cabo de dos o tres tomas los cables eléctricos estaban enredados por el suelo, por todas partes. Era una lata tener que volver a ordenarlos después de cada toma y antes de pasar a la siguiente, así que para evitarlo decidí colocar muy abajo la cámara con la que filmaba, mirando hacia arriba. El resultado que obteníamos con esto no estaba mal del todo, y se ahorraba tiempo. Fue así como me acostumbré a hacer las tomas desde una posición cada vez más baja”.

Sobre trabajar siempre con el mismo equipo: “A propósito de los compañeros de trabajo, se discute con frecuencia si es bueno o malo trabajar siempre con los mismos: yo no podría encontrarme a gusto con personas con las que no pudiera entenderme de manera espontánea. Suelo escribir los guiones con Kogo Noda: durante un mes o dos meses seguidos vivimos juntos en Chigasaki y, tanto si es por la cantidad de sake que bebemos como por nuestro gusto por los tentempiés o por nuestra tendencia a estar despiertos hasta tarde y luego levantarnos bien entrada la mañana, lo cierto es que somos muy parecidos y estamos compenetrados. Yo no podría trabajar con una persona a quien por la noche enseguida le entra sueño y me deja solo. Con los actores sucede lo mismo: no me sería fácil trabajar con actores a los que no conozco un poco. Cuando se trata de una película donde lo principal es la trama no es preciso que me implique mucho, pero si es una película donde lo más importante es hacer un retrato detallado del carácter de los personajes, ahí tengo que ser mucho más exigente”.

Sobre el detallismo de su puesta en escena: “Dicen que soy muy meticuloso cuando se trata de la calidad de los pequeños detalles de la escena, o de los vestidos que llevan los actores. Es cierto. Si por ejemplo el rollo que han colgado o el objeto decorativo colocado en la tokonoma son auténticos, en lugar de una imitación creada sólo para rodar esa escena, yo me siento diferente. Y creo que los actores también. En cualquier caso, aunque se pueda engañar al ojo de la gente no se puede engañar a la cámara de cine. Las cosas auténticas ganan cuando se ven filmadas”.

Sobre el hecho de hacer películas muy parecidas entre sí: “A veces me dice alguien: <<¿Por qué no pruebas a hacer una película diferente?>> Yo respondo siempre que no soy más que un pequeño productor de tofu. Si se pide a un pequeño productor de tofu que prepare un plato de curri, o unas costillas de cerdo empanadas, nunca conseguirá que le salgan bien”.

Sobre la gramática del cine: “El cine es un arte recién nacido, si lo comparamos con la literatura o las artes figurativas. Creo que no puede existir una gramática específica. Cuando filmo no quiero limitarme a obedecer un conjunto de reglas. Y, por otra parte, si la gramática fuese una regla absoluta como las leyes naturales, hoy en día sería suficiente con que hubiera una docena de directores de cine en todo el mundo. Cuando ruedo una película no pienso en las reglas del cine, de la misma manera que un novelista, cuando escribe, no piensa en la gramática. Existe la sensibilidad, no la gramática”.

Una maravilla, ¿verdad? No duden entonces en hacerse con este libro de cabecera, que además viene presentado de una manera práctica y deliciosa.

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2 comentarios sobre “LA POÉTICA DE LO COTIDIANO. Yasujiro Ozu. Gallo Nero Ediciones.

  1. Magnífico, gracias por esos deliciosos fragmentos. Leer los textos de los grandes cineastas suele enriquecer sobremanera el visionado de sus películas (ya vimos lo que pasó entre Bresson y vos), y la prosa de Ozu es tan sensible y sutil que se encuadra a sí mismo como lo haría a una familia dentro de esas prolijas habitaciones niponas. El que también me da curiosidad literaria es Werner Herzog, quien dice que sus escritos son aún más importantes que sus filmes, ¿será verdad?

    Un saludo.

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