El hilo invisible (Phantom Thread, 2017), de Paul Thomas Anderson.

“El amor es un crimen que no puede realizarse sin cómplice”.

(Charles Baudelaire)

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Londres, años 50. La meticulosa rutina de Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis), modisto de gran prestigio, se ve progresivamente trastocada cuando conoce a Alma (Vicky Krieps), una camarera con la que inicia una relación.

Con Phantom Thread, exquisita pieza de alta costura fílmica, Paul Thomas Anderson ha confeccionado una de las historias de amor más sutilmente perversas y enfermizas de todos los tiempos. Un filme antidramático, antiromántico (al menos en el sentido convencional y deformado hacia el que ha derivado el término a día de hoy desde sus orígenes dieciochescos), y hasta anticlimático, cuyo aparente clasicismo formal (el primer cuarto de la película puede remitir al Hitchcock de Rebeca), termina siendo sublimado por la complejidad conceptual y la perfección técnica de la cinematografía moderna.

El relato de Anderson, de profundo psicologismo y marcado carácter edípico, aborda temas varios como la creatividad, la obsesión por el trabajo, la búsqueda de la perfección o la manipulación amorosa, en un contexto, el de la alta sociedad londinense de posguerra, en el que las costuras que mantienen las relaciones entre adultos, aparecen sujetas por hilos invisibles de naturaleza mórbida, cuasi fantasmal. Ya durante los minutos iniciales, el director se afana por introducir al espectador en el minucioso y flamante universo que conforma la Casa Woodcock: tijeras, cintas métricas, patrones, maniquíes y mesas de costura de donde salen los vestidos más deseados que cubren a la flor y nata femenina de la época.

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La refinada puesta en escena, deslumbrante en el tratamiento de los espacios interiores y ophulsiana (por simbólica) en el empleo de las escaleras de la mansión (subidas y bajadas que aluden a los vaivenes emocionales en la relación de la pareja protagonista), constituye el mayor logro visual de la carrera de Anderson, que firma aquí su particular Magnum opus.

Daniel Day-Lewis, ahora que se retira, lega un nuevo personaje para la posteridad: el puntilloso Reynolds Woodcock. Siendo perfectamente flanqueado por las composiciones de Lesley Manville (Cyril, la hermana mayor de Reynolds y otra de sus “madres”) y Vicky Krieps, quien encarna a un personaje mucho más complejo de lo que en un principio pudiera parecer.

Mención aparte merece la memorable partitura de Jonny Greenwood, uno de los mejores músicos de cine en la actualidad, complementada por piezas clásicas de Gabriel Fauré, Johannes Brahms, Hector Berlioz o Franz Schubert.

Obra mayor en todos los sentidos. Medida al milímetro y de insólito gusto por el detalle. Tan perfecta y turbadora que resulta imposible sacársela de la cabeza.

Nota: 9/10

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11 comentarios sobre “El hilo invisible (Phantom Thread, 2017), de Paul Thomas Anderson.

  1. No soy muy fan de Paul Thomas Anderson, pero The Master me encantó y esta creo que va por el mismo camino. Un saludo Ricardo, tenia muchas ganas de esta crítica ✌️

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  2. Anderson, Tarantino y Nolan son auténticos bluf (salvando las obvias distancias entre ellos) y me da una profunda pereza tener que ver sus últimos trabajos. Pero un 9 es casi matrícula. No obstante, creo recordar que te encantó The Master, cuando yo la vi mala de solemnidad. Espero equivocarme.

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    1. Con PTA soy poco dudoso. Detesto algunas de sus películas como ‘Boogie Nights’, ‘Magnolia’ o ‘Embriagado de amor’. ‘Pozos de ambición’ me parece muy desigual, y a ‘Puro vicio’ la encontré fallida. Sí que me gustó, y mucho, ‘The Master’. Y admito que ‘El hilo invisible’ me ha fascinado. La vi el viernes y aún sigo pensando en ella.

      ¡Saludos!

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  3. Reconozco que cuando salí del cine me dejó desconcertado, pero cuanto más pienso en ella más me gusta. Imposible sacarse esas imágenes i esa banda sonora de la cabeza.
    Como me pasó con The Master y Inherent Vice (cinta a reivindicar) me ha dejado muchas ganas de volver a verla.
    Muy buena reseña Ricardo, un saludo!

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  4. Anderson es un cineasta que no me terminaba de convencer, peo que frecuentaba porque suponía que en algún momento haría una obra maestra. Y ahora llega esta película, con toda esa carga psicológica, ese monstruoso ambiente cargado de tensión, escenas construidas milimétricamente, música que se fusiona con las imágenes, personajes, situaciones y emociones. Day-Lewis se retira como los grandes.

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  5. Siempre me ha pasado eso con Anderson. He seguido cada película suya con interés, pese a diversas decepciones, porque sabía que tarde o temprano su enorme talento debía legarnos alguna obra maestra, y aquí está la enorme ‘Phantom Thread’.

    ¡Saludos!

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