Bandas sonoras: Un condenado a muerte se ha escapado (1956). Wolfgang Amadeus Mozart.

Texto de Antonio Miranda.

Su blog.

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Película intelectual, pausada, filosófica en la que un condenado a muerte estudia y lleva a cabo su fuga de prisión. El filme tiene marcados matices religiosos, características notables de fe y, sin duda, orientado hacia las creencias, la constancia y las metáforas entre vida y muerte, entre praxis y pensamiento. Esto, absolutamente, nos lo indica el uso que el director hace de la música en la historia.

El empleo de la partitura es estudiadísimo aunque, en apariencia y tras recibir con sorpresa deducciones sobre la composición y su poco uso en el filme (falso), uno queda ensimismado por la buena disposición final de Bresson y Mozart a tenor de lo desapercibidas que pasan las notas para la mayoría de los críticos. La música, queridos amigos, es la primera pista para el estudio del significado de una producción cinematográfica.

La historia transcurre siempre en planos primeros (increíble) y con lugares y secuencias repetidas, como bien se trata de la vida monótona en una cárcel. El uso de la música también es así: con una estructura simétrica, sonando orquesta y coro (el fragmento más extenso) al inicio y al final, el director emplea la misma frase orquestal (cual leitmotiv), sin coro, durante toda la cinta, cada diez medidos minutos, antes de la última y larga secuencia final: asombroso y estudiado al milímetro.

Por otro lado, el fragmento de la ‘Missa in C minor, K. 427’ de Mozart (obra única en el filme) es aplicado con coro, ya dicho, y sin él. Ambas vertientes tienen un claro significado: la aparición de las voces simboliza la libertad, el exterior y brotan al inicio y al final cuando la historia está en exteriores, primero perdiendo la libertad y, finalmente, consiguiéndola (la religión); la otra vertiente, sin voces y con las cuerdas de la orquesta y aplicada de manera monótona siempre cada diez minutos y cuando los presos salen todos juntos al patio, nos da a conocer su vida en los interiores de la cárcel, la privación de libertad (el camino de la ‘no religión’). Tengamos en cuenta que uno de los símbolos musicales más fuertes de toda la historia, relacionado con la religión, es el coro de voces.

El detalle con el que se cierra la obra es esplendoroso: Bresson aplica la parte en la que Mozart ha cambiado la tonalidad del tema principal, usado hasta ahora. Nos resulta más limpio, más vital dentro del sufrimiento y la muerte: los presos han escapado.

Ejemplo de cómo emplear sutilmente y, al tiempo, de forma sobresaliente la música clásica en el cine.

Nota: 9/10

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