El muelle (La jetée, 1962), de Chris Marker.

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(Texto originalmente publicado en mi libro ‘El cine esculpido en 200 películas’)

Influido por la mirada fascinada hacia el objeto de deseo amoroso del Hitchcock de Vértigo. De entre los muertos (Vertigo, 1958), el cineasta francés Chris Marker realizó este bellísimo y experimental mediometraje de ciencia-ficción en el que la memoria individual aparece como el único conducto de salvación para una humanidad envuelta en cenizas. La imagen pura (fotográfica), desposeída del movimiento mecánico de las cámaras, transita por un nebuloso marco temporal donde el ayer es mañana, y en donde el presente pende de un lacónico recuerdo al que se reconoce por sus profundas cicatrices.

La jetée consiste en una sucesión de fotografías fijas en blanco y negro unidas por el montaje y por la voz en off de una narrador omnisciente (la voz de Jean Négroni). El relato nos sitúa en un contexto postapocalíptico al que se ha llegado tras el uso de armas nucleares durante la Tercera Guerra Mundial. Los seres humanos que quedan, los del bando vencedor, viven recluidos en angostas galerías subterráneas para evitar entrar en contacto con la radiactividad de la superficie terrestre. La supervivencia de nuestra especie, depende ahora de la realización con éxito de viajes mentales a través del tiempo (el espacio casi no existe). Después de múltiples intentos fracasados, un hombre anónimo (Davos Hanich), marcado por un fuerte recuerdo de su infancia, es el elegido para proseguir con los experimentos. En sus viajes hacia el pasado, el hombre en cuestión se topará con ese bello rostro de mujer (Hélène Chatelain) anclado en su memoria desde niño.

Marker concede una gran importancia a los sonidos diegéticos, como los que proceden de los motores de los aviones en el aeropuerto parisino de Orly, los susurros apenas audibles de los científicos o los latidos del corazón del protagonista cuando es sometido a los experimentos. La música, utilizada como refuerzo dramático de la historia, fue compuesta por Trevor Duncan.

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Hay en La jetée un único fotograma no fotográfico con movimiento: aquel en el que la joven del pasado a la que el protagonista visita en sus viajes, parpadea hasta en tres ocasiones a continuación de despertar de un plácido sueño. Esa amorosa evocación del pasado, contrasta con la oscura representación del futuro: un lugar frío y sin emociones presidido por bustos inquisitoriales. Quizá del futuro dependa la supervivencia de la colectividad, pero la del individuo depende de su pasado. De su memoria. Porque a ella, y sólo a ella, pertenecen los fragmentos de una vida en verdad vividos. Por esa razón siempre la retomamos, aunque en términos de futuro eso suponga estar muerto.

En 1995, el director británico ex Monty Phyton Terry Gilliam, se inspiró en este inolvidable poema cinematográfico de Marker para su película Doce monos (Twelve Monkeys).

Nota: 9/10

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3 comentarios sobre “El muelle (La jetée, 1962), de Chris Marker.

  1. Mal que bien, y en varios aspectos, siempre encontré a la Rive Gauché mucho más arriesgada que los hijos prodigios del cahiers, aún con el enojo que a alg(uno) de sus miembros le pueda provocar.

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