Silvio (y los otros) (Loro, 2018), de Paolo Sorrentino.

“Sólo Napoleón hizo más de lo que yo he hecho”.

(Silvio Berlusconi)

Tras salir del gobierno derrotado por una coalición de centro-izquierda, Berlusconi (Toni Servillo), refugiándose en su lujosa villa de Cerdeña, trata de recuperar el poder y reconquistar a su esposa Veronica (Elena Sofia Ricci).

Entre lo irregular y lo fascinante, lo sofisticado y lo grotesco, lo divino y lo terreno. El cine de Paolo Sorrentino no entiende de términos medios. Lo amas o lo odias. Te absorbe o te repugna. Pero jamás te deja indiferente. Y Loro, su nueva película, centrada en uno de los períodos más convulsos de la carrera política y el itinerario vital del ex primer ministro italiano Silvio Berlusconi, no supone ninguna excepción a esta regla. Es Sorrentino en estado puro. Guste más o menos. Aunque la decisión, en lo cinematográfico errónea, de reducir el díptico original a un solo filme de ciento cincuenta minutos de metraje para su distribución internacional (en Italia la cinta se estrenó en dos partes diferenciadas), nos deja con la sensación de encontrarnos ante una obra del todo parcial y desequilibrada en la que faltan cincuenta y cuatro minutos de la versión inicialmente concebida por su autor.

Hay en Silvio (y los otros) dos actos bien delimitados, cuya principal diferencia queda marcada por la presencia del personaje de Toni Servillo (estupendo pese a una guiñolesca caracterización más propia de La hora chanante que de una producción de estas dimensiones), quien no aparece durante casi la primera hora de metraje (la peor). Hasta ese momento el protagonismo recae en Sergio Morra (Riccardo Scamarcio), un ambicioso crápula que tiene como único objetivo acercarse lo máximo posible a Il Cavaliere. Para ello no dudará en “reclutar” a toda una cohorte de despampanantes prostitutas con el fin de llamar la atención del mujeriego político. Este primer tramo de la película hará las delicias de los haters del cineasta napolitano, dado su desenfreno temático y visual (en esencia droga, culos y tetas), en exceso videoclipero y rimbombante. Recuerda demasiado a la fallida gamberrada de Scorsese El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street, 2018).

Como apunto, la cosa cambia con la aparición de Silvio (los otros sólo restan). Ahí comienza el estudio de personaje. Ni crítico ni amable. Con sus luces y sus sombras. El Berlusconi de Sorrentino es ególatra, persuasivo, corrupto y, sobre todo y ante todo, carismático. Una figura tragicómica a caballo entre la farsa política y el drama existencial. Sus encuentros íntimos con su amargada esposa, son lo mejor y más sustancioso de un filme desigual que el director cierra con una de las secuencias más bellas que ha deparado su filmografía. Porque como ya he dicho en alguna que otra ocasión, nadie como el autor de La gran belleza es capaz de tender mejores puentes en el cine actual entre lo humano y lo divino, entre lo trascendental y lo ridículo.

Nota: 6,5/10

2 comentarios sobre “Silvio (y los otros) (Loro, 2018), de Paolo Sorrentino.

  1. No puedo estar mas de acuerdo…Era una de las películas que mas esperaba.La 1 parte es muy cansina y si que recuerda a el lobo de wall street.Cuando aparece el gran Toni mejora pero no mucho.Aun tiene tiempo de hacer grandes películas pero creo que Sorrentino toco techo con su obra maestra La gran Belleza.

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