Barry Lyndon (1975), de Stanley Kubrick.

“Quien se eleva demasiado cerca del sol con alas de oro las funde”.

(William Shakespeare)

El filme cuenta las aventuras y desventuras de un joven irlandés llamado Redmond Barry (Ryan O´Neal), desde que se ve obligado a huir de su país natal por culpa de un duelo a pistola con un oficial del ejército inglés, hasta que alcanza una acomodada posición social tras casarse con la condesa de Lyndon (Marisa Berenson).

Si existe la perfección cinematográfica, es posible que ninguna otra película se haya acercado tanto a ella como Barry Lyndon, la adaptación que Stanley Kubrick hizo de la novela de William Makepeace Thackeray La suerte de Barry Lyndon (The Luck of Barry Lyndon), publicada por episodios en Fraser´s Magazine de enero a diciembre de 1844.

Kubrick, que esta vez escribió el guión en solitario, algo poco habitual en su filmografía, estructura la obra en dos partes con un intermedio y un epílogo: Parte I: de cómo Redmond Barry adquirió la condición y el título de Barry Lyndon, y Parte II: donde se narran los desastres e infortunios que acontecieron a Barry Lyndon. O lo que es lo mismo, el ascenso social y la posterior caída del personaje principal: un bribón oportunista y sin escrúpulos progresivamente envilecido con el paso de los años.

En su muy azaroso trayecto hacia la cúspide, Barry se enrolará en los ejércitos inglés y prusiano en plena Guerra de los Siete Años, ejercerá de espía y se convertirá en jugador profesional recorriendo las cortes europeas hasta contraer matrimonio con la condesa. Casi podría definirse a la primera parte como un relato errante de aventuras cocido a fuego lento, en cuya narración (brillante empleo de la figura del narrador extradiegético y omnisciente a lo largo de todo el metraje) priman la ironía y la picaresca. La segunda, en cambio, vira poco a poco hacia el drama personal y familiar en un contexto estático y elitista.

Barry Lyndon es una ininterrumpida sucesión de sublimes estampas dieciochescas donde se puede apreciar la influencia de pintores de la época como John Constable, William Hogarth, Thomas Gainsborough o Joseph Wright. La fotografía a base de luz natural de John Alcott capta de manera extraordinaria esa atmósfera pictórica deseada por el director.

Técnicamente hablando, nos encontramos ante una obra de una perfección apabullante, en la que el genial autor de La naranja mecánica encuadra cada plano con la precisión milimétrica de un cirujano. Destaca el uso constante del zoom, tanto de acercamiento como, sobre todo, de alejamiento, abriendo el plano lentamente a partir de un detalle de la escena hasta encuadrar al conjunto. Nunca este recursó se usó con semejante maestría.

La envoltura musical del filme resulta asimismo inmejorable, con composiciones de Händel, Schubert, Bach, Vivaldi o Mozart.

Como apuntaba, una película insultantemente bella y perfecta en términos visuales, narrativos y dramáticos. Quizá el mejor trabajo en la carrera de Stanley Kubrick.

Nota: 10/10

Un comentario sobre “Barry Lyndon (1975), de Stanley Kubrick.

  1. Excelente reseña Ricardo.
    Una película para ver mil veces y no terminar nunca de descubrir.
    Obra maestra si las hay.
    Como tan bien describes, esas imágenes pictóricas a la luz de la vela y esa música de autores clásicos que te transportan al pasado de manera sin igual.
    Saludos.-

    Me gusta

Responder a Marcos José Terán Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s