Atardecer (Napszállta, 2018), de László Nemes.

“A los imperios no los derriba nadie. Se pudren por dentro, se caen solos”.

(Rodolfo Walsh)

Budapest, 1913. Después de pasar su infancia en un orfanato, Írisz (Juli Jakab) regresa a la capital húngara con la intención de trabajar en la prestigiosa tienda de sombreros que perteneció a sus padres. Sin embargo, Oszkár (Vlad Ivanov), el nuevo propietario, la rechaza.

Cine de inmersión. Si hay algo que caracteriza a la todavía exigua filmografía del autor húngaro László Nemes (Atardecer es tan sólo su segunda película tras El hijo de Saúl y el cortometraje Türelem),  es que nunca expone historias al espectador, sino que intenta sumergirlo en ellas a través de una peculiar técnica de filmación que coloca la cámara siempre pegada al protagonista del relato, siguiendo sus tribulaciones a lo largo del mismo.

En Napszállta, Nemes emplea idénticos recursos narrativos a los de su magistral ópera prima (largos planos secuencia a base de travellings de seguimiento y juegos de enfoque y desenfoque), aunque moderándolos para ajustar la técnica cinematográfica a un argumento a mayor escala que requiere de muchos más personajes. Y ahí quizá radique su principal error: en intentar someter una historia completamente distinta, tanto en términos dramáticos como espaciales, a la rigidez formal de su anterior trabajo. Porque lo que entonces era aterradora claustrofobia se convierte ahora en agotadora irrelevancia.

El filme nos sitúa en los meses previos al estallido de la Primera Guerra Mundial, en pleno corazón del decadente imperio austrohúngaro, donde las tensiones sociales, políticas y nacionalistas, iban en aumento hasta desembocar en la llama que prendió la mecha de la Gran Guerra: el asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, heredero al trono, el 28 de junio de 1914.

Ese es el telón de fondo histórico en el que el director contextualiza el drama personal de Írisz, joven caída en desgracia tras la muerte de sus padres que, a su regreso a Budapest, descubre la existencia de un hermano al que desconoce y a quien pretende encontrar. Empero, su esforzado tour de force, se torna fallido al carecer de la fuerza dramática y el misterio con el que se pretende justificar. Tampoco ayuda que todo el peso de la cinta recaiga sobre una intérprete sin carisma alguno como es el caso de Juli Jakab, cuyo punto de vista es el único que se muestra.

La película termina alargándose en demasía sin que nada en ella resulte relevante más allá de su extraordinaria técnica, la cual, entre bostezo y bostezo, engulle cualquier atisbo de interés argumental. Un trabajo a todas luces decepcionante.

Nota: 5,5/10

Irrational Man (2015), de Woody Allen.

“El hombre que pretende obrar guiado sólo por la razón está condenado a obrar muy raramente”.

(Gustave Le Bon)

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Al Campus Universitario de Braylin llega Abe Lucas (Joaquin Phoenix), un estrafalario profesor de Filosofía conocido por su brillantez intelectual y su carácter atormentado. Muy pronto, una de sus alumnas, Jill Pollard (Emma Stone), se enamora de él.

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Blade Runner 2049 (2017), de Denis Villeneuve.

“Dentro de nosotros existe algo que no tiene nombre y eso es lo que realmente somos”.

(José Saramago)

On The Set Of Out Of The Past (1947) - Jacques Tourneur, Jane Greer, Robert Mitchum 4

Los Ángeles, año 2049. El agente K (Ryan Gosling), un eficaz blade runner o cazador de replicantes, se embarca en la investigación de un hecho que, de llegar a confirmarse, podría trastocar por completo el orden mundial imperante.

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