Cine en casa: Madame de… (1953). A Contracorriente Films.

Con motivo de su 65º Aniversario, la distribuidora A Contracorriente Films ha puesto recientemente a la venta una magnífica edición en blu-ray de la inmarcesible obra maestra de Max Ophüls Madame de… (1953).

En cuanto a presentación, la edición incluye una funda exterior de cartón que cubre la caja negra en la que se encuentra el disco. El diseño de la funda es idéntico al de la caja. El resultado es casi tan elegante como el propio filme.

La imagen parte de un máster restaurado, cuyo meticuloso proceso de restauración es explicado en uno de los documentales que forma parte del apartado de extras. Francamente, dudo que Madame de… se pueda ver mejor: buena definición (hay que tener en cuenta que se trata de una película francesa de 1953), buen contraste y su correspondiente grano cinematográfico (por favor, que no nos quiten ese grano que tanto nos gusta).

El disco incluye dos pistas de audio: la original en francés y la doblada en castellano. Ambas con DTS-HD Master Audio 2.0 Mono. Subtítulos en castellano.

Los extras, detallados en la ficha que sigue, son muy jugosos, destacando un extenso documental sobre la figura de Ophüls y, muy especialmente, una introducción a cargo de Paul Thomas Anderson en la que el autor de El hilo invisible (título de incuestionable caligrafía ophulsiana) comenta algunas de las secuencias del título que nos ocupa.

Sin duda, nos encontramos ante una edición de referencia de uno de los clásicos imperecederos del cine europeo de todos los tiempos.

Características técnicas

Contenido1 Disco. Máster restaurado
PresentaciónCaja negra con funda
Imagen1.37:1 1080p
AudioFrancés – DTS-HD Master Audio 2.0 Mono
Castellano – DTS-HD Master Audio 2.0 Mono
SubtítulosCastellano
Precio17,95 €

Extras

  • Max Ophüls, el pintor del amor fatal (63 min) – Completo y extenso documental dirigido en 2013 por Dominique Maillet sobre la figura del mítico realizador Max Ophüls. Incluye entrevistas, entre otros, con su asistente Ulli Pickardt, el ayudante de dirección Alain Jessua, el historiador cinematográfico Aldo Tassone, el director de producción Jean Pieuchot, el director y productor Dominique Delouche y el compositor Manuel De Sica, hijo del gran Vittorio.
  • Presentación de Paul Thomas Anderson (14 min) – Director y guionista de títulos como “El hilo invisible” y “Magnolia”, Anderson presenta la película de Ophüls, uno de sus cineastas más admirados, analizando algunas de sus secuencias más destacadas. El realizador desvela de qué manera el estilo del maestro alemán ha influido en su cine y sentencia: “Nunca he visto nada igual antes de sus películas que se compare o que se acerque”. Contenido extra producido por The Criterion Colletion.
  • Madame de… restaurada (5 min) – Audrey Birrien, responsable de patrimonio de los laboratorios Eclair, explica el proceso de restauración del clásico de Max Ophüls a partir del negativo original.
  • Tráiler.
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Dolor y gloria (2019), de Pedro Almodóvar.

“Ciertos recuerdos son como amigos comunes, saben hacer reconciliaciones”.

(Marcel Proust)

La depresión y los achaques físicos, han llevado a Salvador Mallo (Antonio Banderas), cineasta de prestigio internacional, a un estado de semiretiro forzoso. El encuentro con sus recuerdos y con algunas personas de su pasado, le harán replantearse la situación.

Almodóvar frente al espejo. Más allá de constituir uno de sus mejores trabajos (de largo el más íntimo y personal), Dolor y gloria es un arrancarse la piel para mostrar al espectador los músculos, tejidos, huesos y órganos de un autor en plena madurez creativa. Hay mucho dolor, tanto físico como emocional, y muy poca gloria (quizá el simple hecho de poder coger una cámara, rodar y que te reconozcan por ello) en este filme de inspiración autobiográfica que enfrenta al director manchego con sus propios miedos y su pasado como único medio para rendir cuentas y seguir adelante (creando).

A través de un alter ego fácilmente intercambiable con el propio Almodóvar (Antonio Banderas aparece caracterizado como el autor de Volver e imita sin pudor algunos de sus gestos, tics e incluso su modo de hablar), la película, lúcida en su discurso introspectivo y serena en su diáfana narración, nos introduce pronto en la deteriorada realidad de Salvador Mallo: protagonista invalidado para su profesión (su vida) a consecuencia de unos fuertes dolores de espalda y unas migrañas que a veces lo llevan a la herejía atea de creer en Dios. Salvador sólo encuentra alivio en ese estado de duermevela que provoca la adicción a las drogas legales y a las que no lo son.

Hay algo de Fellini en las secuencias del Salvador niño, introducidas mediante estupendas transiciones espaciotemporales que funcionan a modo de testamento vital del director. Porque ese Salvador sabiondo y provinciano no es otro que Almodóvar, quien se confiesa ante la cámara como nunca antes lo había hecho. Y sirva de ejemplo de lo que digo el soberbio (por emotivo e intenso) monólogo declamado en el teatro por un Asier Etxeandia en continuo estado de gracia. Las lágrimas que vierte al escucharlo el personaje de Leonardo Sbaraglia, un antiguo amor de Salvador marcado por la moda ochentera del caballo, podrían ser las de cualquiera de nosotros: conmovidos ante semejante sacramento de penitencia.

La realización es sobria, con una puesta en escena que se reduce a lo esencial, y en la que destacan las ya características “manchas de color” del cineasta manchego. Con los años, Almodóvar ha sabido alejarse de los elementos estrambóticos y horteras que abundaban en su filmografía, optando por una depuración formal que favorece sus dotes para la escritura.

Dolor y gloria es una obra muy notable. Melancólica sin prescindir del humor. Nunca melodramática. Inspirada y contenida. Uno de los grandes títulos españoles de este siglo.

Nota: 8/10

Un perro andaluz (Un chien andalou, 1929), de Luis Buñuel.

“Que no conozca el significado de mi arte, no significa que no lo tenga”.

(Salvador Dalí)

(Texto originalmente publicado en mi libro ‘El cine esculpido en 200 películas’ https://www.amazon.es/El-cine-esculpido-200-pel%C3%ADculas/dp/8494459678)

El mismo año en el que el poeta francés André Breton, fundador del movimiento, publicaba el Segundo Manifiesto Surrealista, Luis Buñuel mostraba en París este cortometraje que concibió junto a Salvador Dalí a partir de la convergencia de dos sueños de uno y otro (Buñuel soñó con una navaja que seccionaba un ojo y Dalí con hormigas que recorrían sus manos).

Aunque se han vertido ríos de tinta intentando descifrar su significado, Un perro andaluz, que en principio iba a titularse El marista en la ballesta o Es peligroso asomarse al interior, como obra puramente perteneciente al surrealismo, carece del mismo. El propio Buñuel señaló que él y Dalí coescribieron el guión en menos de una semana siguiendo una regla muy simple: “no aceptar idea ni imagen que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o culturarl”.

Hay a lo largo de sus dieciséis minutos de metraje, constantes alusiones a la muerte, la decrepitud o al deseo sexual, pero en ningún caso puede extraerse una interpretación conjunta, del mismo modo que un sueño no puede ser explicado con las herramientas de la razón. Precisamente, aceptando esa ausencia de significado, si se apela a la lógica del raciocinio, es cuando más y mejor se disfruta de esta obra repleta de imágenes con enorme poder de sugestión: como aquella escena, una de las más iconográficas y crudas desde la invención del cinematógrafo, en la que un individuo interpretado por el mismo Buñuel, tras afilar con esmero una navaja de afeitar, secciona el ojo de una joven (Simone Mareuil) en una terraza. El paralelismo que se establece entre la nube que atraviesa la luna, con la navaja que secciona el ojo de la joven (en realidad era el ojo de una vaca), se mantiene como una de las transiciones más impactantes de la historia del medio.

Un chien andalou no posee una trama como tal, ni se atiene a un tiempo o a un espacio determinados: todo pende del hilo de un subconsciente que no entiende de reglas espaciotemporales. Destaca el uso que Buñuel hace de los planos detalle (el comentado ojo sesgado o la mano con un agujero del que salen hormigas), así como el ralentí, los fundidos encadenados y las sobreimpresiones de imágenes para favorecer la sensación de irrealidad.

Se dice que el presupuesto de la película, unas veinticinco mil pesetas de entonces, fue aportado por la madre de Buñuel. Hoy en día, el valor de esta revolucionaria obra, principal referente del surrealismo cinematográfico, resulta incalculable.

La casa de Jack (The House That Jack Built, 2018), de Lars von Trier.

“Por mí se entra en la ciudad doliente, por mí se entra en el dolor eterno, por mí se llega a la perdida gente. La justicia movió a mi creador; me hizo la divina potestad, el saber sumo y el amor primero. Antes de mí tan sólo se crearon cosas eternas, y yo eterna duro. Dejad toda esperanza los que entráis”.

(Comedia, Dante Alighieri)

Narra algunos episodios truculentos de la carrera criminal de Jack (Matt Dillon), un asesino en serie del estado de Washington en la década de los setenta.

Obra mayor de Lars von Trier, quien en The House That Jack Built, rutilante combinación de magisterio cinematográfico, tratado artístico-filosófico, brutalidad humanística y testamento autoral, se inspira en la Comedia de Dante (más concretamente en el Infierno, la primera de las tres cánticas que la componen) para alumbrar el trabajo más redondo de su controvertida filmografía.

El filme se abre con un fundido en negro. Dos personajes comienzan a hablar entre ellos. El sonido de las voces posee un matiz cavernoso. Se escucha agua subterránea bajo sus pies. Son Jack y Verge (Bruno Ganz). El segundo actúa como guía del primero. Como se desvela en el epílogo de la película, ambos se encuentran en el infierno. Y de igual modo que en la Comedia Virgilio guiaba a Dante a través de los distintos círculos que formaban el infierno, Verge hará lo propio con el sádico Jack. Por el camino, una larga confesión. O más bien, un diálogo. Jack narra a Verge/Virgilio (y por ende a nosotros, espectadores) cinco episodios o incidentes elegidos al ¿azar?, en los que se estructuran las dos horas y media de metraje (además del citado epílogo en los infiernos). Dichos episodios relatan sendos asesinatos perpetrados por Jack a lo largo de doce años. La causa de su descenso al Hades.

En La casa de Jack, cuyo título alude a un proyecto del protagonista, arquitecto frustrado en busca del material adecuado para la construcción de su casa de campo, Trier reflexiona acerca de la naturaleza del mal y la función del arte en un mundo violento presidido por la arbitrariedad. El autor de Nymphomaniac, cinta a la que se puede considerar como una pieza hermana de la que ahora nos ocupa, no trata de explicar las razones de la psicopatía de Jack (soberbia interpretación de Matt Dillon), sino que se limita a plasmar sus macabras pulsiones homicidas, confrontándolas, eso sí, con el discurso moral (humanista) de Verge. Y lo hace de un modo explícito, pero repleto del humor más negro. Porque The House That Jack Built no deja de ser una película irónica y socarrona que no esconde su profunda misoginia.

Desde el punto de vista formal, el cineasta hace uso de una cámara de mano nerviosa, del zum, de la discontinuidad en el raccord y de la experimentación con el montaje de imágenes multidisciplinares ajenas (e incluso propias) como apoyo a la narración. También emplea imágenes recurrentes, como la del pianista Glenn Gould interpretando la Partita No. 2 en C menor, BWV 826, de Johann Sebastian Bach.

Las, hasta ese momento, más o menos sutiles referencias al poema dantesco, se hacen explícitas en el memorable epílogo de la obra, donde Trier cita visualmente el óleo de Delacroix Dante y Virgilio en los infiernos (Dante et Virgile aux enfers, 1822). Si Dante se adentraba en el infierno tras atravesar una selva y ascender una colina, Jack lo hace por medio de un círculo que aparece bajo su espeluznante creación en su particular cámara de los horrores. Este tramo final no sólo eleva al filme a la categoría de obra maestra, sino que supone el cénit de la trayectoria profesional de su autor.

Nota: 9/10

La favorita (The Favourite, 2018), de Yorgos Lanthimos.

” ¡Tan sagrado es el don de las Musas para los hombres! De las Musas y del flechador Apolo descienden los aedos y citaristas que hay sobre la tierra; y de Zeus, los reyes”.

(Teogonía, Hesíodo)

Inglaterra, siglo XVIII. La reina Ana de Estuardo (Olivia Colman), primera soberana de Gran Bretaña, gobierna asesorada por su súbdita favorita: Lady Sarah (Rachel Weisz). Sin embargo, la llegada a palacio como criada de Abigail (Emma Stone), dama caída en desgracia y prima de Sarah, trastoca pronto la relación entre la monarca y su vieja amiga.

A estas alturas, ya nadie duda de que la de Yorgos Lanthimos es una de las voces más peculiares de la cinematografía europea (y mundial) actual. Películas como Canino (Kynodontas, 2009), Langosta (The Lobster, 2015) o El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer, 2017), son muestras cada vez más estilizadas de las extravagantes querencias temáticas y argumentales de un realizador al alza. Es por eso que de él esperásemos una incursión poco convencional en el cine de época, pese a las dudas que, en principio, generaba el hecho nada común de que el guión de la cinta no llevase su firma. Dudas que enseguida se disipan en favor del cineasta ateniense, quien en The Favourite, su trabajo más accesible, pero también el más redondo, compone una brillantísima y retorcida comedia negra en cuyo tramo final aflora ese hálito de humanidad trágica que tan bien saben plasmar los griegos desde los tiempos de Esquilo.

El filme, que traslada de manera convincente a los espectadores al período final del reinado de Ana de Estuardo (se inspira en hechos y personajes reales), nos presenta a un poderoso triángulo femenino unido por vínculos de amistad, sexo y poder. Rivalidad y ambición enfrentan a los personajes de Weisz y Stone, ambas magníficas, en una encarnizada lucha por ganarse el favoritismo de la hinchada abeja reina: monarca de carácter débil y maleable, de personalidad deprimida y acomplejada; arquetipo patético y decadente de la aristocracia del viejo mundo a las puertas de la ilustración. La de Olivia Colman es una de esas interpretaciones de las que marcan una carrera (obtuvo la Copa Volpi a la Mejor actriz en el Festival de Venecia). Siempre la recordaremos, cual estampa carrolliana, rodeada de conejos.

Deborah Davis y Tony McNamara arman un guión soberbio, estructurado en capítulos y en el que sobresale la dimensión psicológica de sus tres personajes protagónicos. Alude asimismo al contexto histórico de la época (el conflicto bélico de Inglaterra con Francia como parte de la Guerra de Sucesión Española), y a la pugna y conspiraciones por el poder entre torys (Partido Conservador Británico) y whigs (Partido Liberal Británico) característica del sistema parlamentario bipartidista.

En el plano formal, Lanthimos emplea continuamente el gran angular y el ojo de pez, además de contrapicados y ligeros contrapicados, con el fin de “deformar” la imagen de la vida en la corte; ridiculizarla; hacerla grotesca al ralentí.

El uso de exquisitas piezas de música clasica muy bien introducidas, los decorados, el diseño de vestuario, el trabajo de maquillaje y peluquería y una excelente dirección de fotografía a cargo de Robbie Ryan, otorgan a la película una elegante y conseguida reconstrucción de la etapa histórica que retrata.

Notable alto.

Nota: 8/10

Silvio (y los otros) (Loro, 2018), de Paolo Sorrentino.

“Sólo Napoleón hizo más de lo que yo he hecho”.

(Silvio Berlusconi)

Tras salir del gobierno derrotado por una coalición de centro-izquierda, Berlusconi (Toni Servillo), refugiándose en su lujosa villa de Cerdeña, trata de recuperar el poder y reconquistar a su esposa Veronica (Elena Sofia Ricci).

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Las 10 mejores películas estrenadas en España durante 2018.

1. El hilo invisible (Phantom Thread, 2017), de Paul Thomas Anderson. Estados Unidos/Reino Unido. 130 min. Estrenada el 2 de febrero.
2. Zama, de Lucrecia Martel.
Argentina/España/Francia/Holanda/USA/Brasil/México/Porugal/Líbano/Suiza. 115 min.  Estrenada el 19 de enero.
3. Sin amor (Nelyubov, 2017), de Andrei Zvyagintsev. Rusia/Francia. 127 min. Estrenada el 26 de enero.
4. Call Me by Your Name, de Luca Guadagnino. Italia/Francia/Brasil/Estados Unidos. 132 min. Estrenada el 26 de enero.
5. Burning (Beoning), de Lee Chang-dong. Corea del Sur. 148 min. Estrenada el 19 de octubre.
6. Isla de perros (Isle of Dogs), de Wes Anderson. Alemania/Estados Unidos. 101 min. Estrenada el 20 de abril.
7. Un asunto de familia (Manbiki kazoku), de Hirokazu Koreeda. Japón. 121 min. Estrenada el 21 de diciembre.
8. Cold War (Zimna wojna), de Pawel Pawlikowski. Polonia/Reino Unido/Francia. 88 min. Estrenada el 5 de octubre.
9. Dogman(2018), de Matteo Garrone. Italia/Francia. 103 min. Estrenada el 9 de noviembre.
10. El Cairo confidencial (The Nile Hilton Incident), de Tarik Saleh. Marruecos/Suecia/Dinamarca/Alemania/Francia. 111 minutos. Estrenada el 6 de abril.

Atardecer (Napszállta, 2018), de László Nemes.

“A los imperios no los derriba nadie. Se pudren por dentro, se caen solos”.

(Rodolfo Walsh)

Budapest, 1913. Después de pasar su infancia en un orfanato, Írisz (Juli Jakab) regresa a la capital húngara con la intención de trabajar en la prestigiosa tienda de sombreros que perteneció a sus padres. Sin embargo, Oszkár (Vlad Ivanov), el nuevo propietario, la rechaza.

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Burning (Beoning, 2018), de Lee Chang-dong.

“A veces quemo graneros”.

(Quemar graneros, Haruki Murakami)

009

Un día cualquiera, mientras realiza una entrega, Jong-su (Yoo Ah-in) se encuentra por casualidad con Hae-mi (Jeon Jong-seo), una conocida de la infancia. Hae-mi, quien se dispone a llevar a cabo un largo viaje, encarga a Jong-su que dé de comer a su gata durante su ausencia. A su vuelta, Hae-mi regresa acompañada por Ben (Steven Yeun), un misterioso joven adinerado.

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