Los hermanos Sisters (Les frères Sisters, 2018), de Jacques Audiard.

“Siempre estoy yendo a casa, siempre yendo a la casa de mi padre”.

(Novalis)

Oregón, 1851. Los hermanos Charlie (Joaquin Phoenix) y Eli (John C. Reilly) Sisters, son dos matones a sueldo conocidos por sanguinaria eficacia. Ambos han sido contratados por el Comodoro (Rutger Hauer) para encontrar a Hermann Kermit Warm (Riz Ahmed), un buscador de oro a quien también sigue la pista el explorador John Morris (Jake Gyllenhaal).

El western es el género sobre el que se ha cimentado buena parte de la mitología estadounidense. Si se me permite la comparación, el lugar que en la Europa Occidental pueden ocupar Aquiles, la batalla de las Termópilas o Ulises, lo hacen en Estados Unidos Jesse James, O. K. Corral o Wyatt Earp. Sin embargo, ese carácter genuinamente norteamericano del género, no ha impedido que algunas grandes aproximaciones al mismo hayan sido alumbradas desde el viejo continente, como las de Sergio Leone en el cine o las de Charlier y Giraud en el mundo del cómic. Ahora es el turno del francés Jacques Audiard, quien con Los hermanos Sisters, adaptación de la novela homónima de Patrick deWitt, firma una de las mejores películas del Oeste de los últimos años. A buen seguro la más profundamente humanista de todas. Ganadora del Premio al Mejor director en el Festival de Venecia 2018.

En su arranque, donde Audiard filma un tiroteo a oscuras del que sólo vemos los fogonazos provocados por los disparos, la cinta deja claro dos de sus rasgos definitorios: realismo y negrura. Porque Les frères Sisters, como toda la obra de su autor, es un filme realista con toda la crudeza y suciedad que debieron caracterizar al salvaje Oeste. De hecho, casi toda la película gravita en torno a la dicotomía salvajismo vs. civilización que representan los hermanos Sisters (asesinos sin escrúpulos, aunque Eli, el mayor, cansado de esa forma de vida, quiere dejarlo ya) y la pareja Warm/Morris (hombres de ciencia que creen en las ideas utópicas de Charles Fourier) respectivamente. Dicotomía enfatizada a través de dos líneas narrativas iniciales que terminan convergiendo. El guión, coescrito por el propio Audiard, se aleja de los estereotipos más clásicos, aunando con eficacia aventura, humor y reflexión, en un conjunto notable que destaca por su vigor narrativo y un rico cuadro de personajes dotados de motivaciones y dimensión psicológica (magnífico trabajo tanto de Phoenix como de Reilly).

Como todo buen western itinerante que se precie, el que nos ocupa no renuncia a la belleza de los parajes naturales donde la acción se desarrolla, la mayoría de ellos pertenecientes a la geografía española (los Monegros en Aragón, el desierto de Tabernas en Almería o la Sierra de Urbasa en Navarra). Gran dirección de fotografía de Benoît Debie.

El viaje iniciático que propone Los hermanos Sisters tiene su propia moraleja redentora: todos podemos cambiar, incluso los peores. Sólo es necesario econtrarse con uno mismo. Y cuando eso no es suficiente, encontrarse con (y en) los demás.

Nota: 7,5/10

Las 50 mejores películas del siglo XXI.

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Un profeta (Un prophète, 2009), de Jacques Audiard.

“El calabozo, tipo del sepulcro, es tan horroroso para el héroe como para el cobarde”.

(Goethe)

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El joven Malik El Djebena (Tahar Rahim), francés de origen magrebí, ingresa en prisión para cumplir una pena de seis años. Muy pronto, la mafia corsa que controla el centro penitenciario, encabezada por César Luciani (Niels Arestrup), lo pondrá ante una difícil tesitura.

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Dheepan (2015), de Jacques Audiard.

“Los muertos son los únicos que ven el final de la guerra”.

(Platón)

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Dheepan (Jesuthasan Antonythasan), un guerrillero tamil, huye de la guerra civil en Sri Lanka junto con Yalini (Kalieaswari Srinivasan) e Illayaal (Claudine Vinasithamby), haciéndose pasar los tres por una familia para conseguir asilo político en Francia.

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