Lo que arde (O que arde, 2019), de Oliver Laxe.

“Estamos en una sociedad que intenta escapar del dolor, de la muerte, cuando es algo irreversible a lo que estamos abocados. Intentamos ganar a la naturaleza y eso es un fracaso”.

(Oliver Laxe)

Tras cumplir dos tercios de su condena, Amador (Amador Arias), pirómano de mediana edad, regresa a su aldea natal, en Lugo, donde volverá a convivir con su madre, Benedicta (Benedicta Sánchez).

La secuencia de apertura de O que arde, una de las más bellas que yo haya visto recientemente en el cine, muestra cómo en la oscuridad de la noche, un grupo de eucaliptos van cayendo uno tras otro sin que sepamos con exactitud qué los hace caer. Enseguida vemos que la causa de esa abrupta deforestación son unos tractores cuyos focos iluminan tenuemente la escena. De repente, una de esas máquinas detiene su avance ante la majestuosa figura de un árbol: un árbol centenario de rasgos casi sagrados. La metáfora no puede estar más conseguida. La película nos asoma a la extinción. No sólo a la de la naturaleza, sino también a la de determinadas formas de vida como la que representan sus dos protagonistas.

El director español nacido en París Oliver Laxe, se alzó con el Premio del Jurado de la Sección Un Certain Regard del pasado Festival de Cannes, gracias a este hermosísimo ejercicio de contemplación visual y contención narrativa, en el que hallamos ecos de autores como Andrei Tarkovsky, Béla Tarr o Werner Herzog. Un verdadero regalo para los sentidos que trata desde la poesía cinematográfica el drama de los incendios forestales en el monte gallego.

Lo que arde prácticamente carece de trama. Cuenta de un modo hiperrealista cercano al documental, el día a día de Amador y Benedicta (actores no profesionales que casi se interpretan a sí mismos) en el campo. Nada más. Y nada menos. Laxe, amén del perro que acompaña a Amador en sus labores de pastoreo con las vacas, parece haber heredado de Tarkovsky su agudeza a la hora de captar las texturas y los sonidos de la naturaleza. Aquí, el viento, el agua, la tierra, y el fuego desempeñan un papel protagónico. La música religiosa de Vivaldi, aporta el matiz piadoso a un relato sobre la estigmatización social en el que el cineasta nunca juzga.

El filme posee unos espectaculares planos generales (la dirección de fotografía de Mauro Herce en 16 mm resulta prodigiosa en todo momento), que contrastan con las escenas costumbristas de interior. Y si bien en su conjunto no alcanza el nivel del anterior trabajo del realizador (en comparación con Mimosas, la que nos ocupa es una película mucho más accesible y con menos capas de lectura), sí que lo consolida como uno de los autores europeos con mayor presente y futuro del panorama actual.

Nota: 7,5/10

Las 10 mejores películas estrenadas en España durante 2017.

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Mimosas (2016), de Oliver Laxe.

“Todos los viajes tienen destinos secretos sobre los que el viajero nada sabe”.

(Martin Buber)

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Una caravana atraviesa la cordillera del Atlas marroquí, con la misión de conducir a un anciano y moribundo líder espiritual hasta Sijilmasa, lugar donde nació.

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