La casa de Jack (The House That Jack Built, 2018), de Lars von Trier.

“Por mí se entra en la ciudad doliente, por mí se entra en el dolor eterno, por mí se llega a la perdida gente. La justicia movió a mi creador; me hizo la divina potestad, el saber sumo y el amor primero. Antes de mí tan sólo se crearon cosas eternas, y yo eterna duro. Dejad toda esperanza los que entráis”.

(Comedia, Dante Alighieri)

Narra algunos episodios truculentos de la carrera criminal de Jack (Matt Dillon), un asesino en serie del estado de Washington en la década de los setenta.

Obra mayor de Lars von Trier, quien en The House That Jack Built, rutilante combinación de magisterio cinematográfico, tratado artístico-filosófico, brutalidad humanística y testamento autoral, se inspira en la Comedia de Dante (más concretamente en el Infierno, la primera de las tres cánticas que la componen) para alumbrar el trabajo más redondo de su controvertida filmografía.

El filme se abre con un fundido en negro. Dos personajes comienzan a hablar entre ellos. El sonido de las voces posee un matiz cavernoso. Se escucha agua subterránea bajo sus pies. Son Jack y Verge (Bruno Ganz). El segundo actúa como guía del primero. Como se desvela en el epílogo de la película, ambos se encuentran en el infierno. Y de igual modo que en la Comedia Virgilio guiaba a Dante a través de los distintos círculos que formaban el infierno, Verge hará lo propio con el sádico Jack. Por el camino, una larga confesión. O más bien, un diálogo. Jack narra a Verge/Virgilio (y por ende a nosotros, espectadores) cinco episodios o incidentes elegidos al ¿azar?, en los que se estructuran las dos horas y media de metraje (además del citado epílogo en los infiernos). Dichos episodios relatan sendos asesinatos perpetrados por Jack a lo largo de doce años. La causa de su descenso al Hades.

En La casa de Jack, cuyo título alude a un proyecto del protagonista, arquitecto frustrado en busca del material adecuado para la construcción de su casa de campo, Trier reflexiona acerca de la naturaleza del mal y la función del arte en un mundo violento presidido por la arbitrariedad. El autor de Nymphomaniac, cinta a la que se puede considerar como una pieza hermana de la que ahora nos ocupa, no trata de explicar las razones de la psicopatía de Jack (soberbia interpretación de Matt Dillon), sino que se limita a plasmar sus macabras pulsiones homicidas, confrontándolas, eso sí, con el discurso moral (humanista) de Verge. Y lo hace de un modo explícito, pero repleto del humor más negro. Porque The House That Jack Built no deja de ser una película irónica y socarrona que no esconde su profunda misoginia.

Desde el punto de vista formal, el cineasta hace uso de una cámara de mano nerviosa, del zum, de la discontinuidad en el raccord y de la experimentación con el montaje de imágenes multidisciplinares ajenas (e incluso propias) como apoyo a la narración. También emplea imágenes recurrentes, como la del pianista Glenn Gould interpretando la Partita No. 2 en C menor, BWV 826, de Johann Sebastian Bach.

Las, hasta ese momento, más o menos sutiles referencias al poema dantesco, se hacen explícitas en el memorable epílogo de la obra, donde Trier cita visualmente el óleo de Delacroix Dante y Virgilio en los infiernos (Dante et Virgile aux enfers, 1822). Si Dante se adentraba en el infierno tras atravesar una selva y ascender una colina, Jack lo hace por medio de un círculo que aparece bajo su espeluznante creación en su particular cámara de los horrores. Este tramo final no sólo eleva al filme a la categoría de obra maestra, sino que supone el cénit de la trayectoria profesional de su autor.

Nota: 9/10

Burning (Beoning, 2018), de Lee Chang-dong.

“A veces quemo graneros”.

(Quemar graneros, Haruki Murakami)

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Un día cualquiera, mientras realiza una entrega, Jong-su (Yoo Ah-in) se encuentra por casualidad con Hae-mi (Jeon Jong-seo), una conocida de la infancia. Hae-mi, quien se dispone a llevar a cabo un largo viaje, encarga a Jong-su que dé de comer a su gata durante su ausencia. A su vuelta, Hae-mi regresa acompañada por Ben (Steven Yeun), un misterioso joven adinerado.

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El retrato de Dorian Gray (The Picture of Dorian Gray, 1945), de Albert Lewin.

“Cada uno de nosotros tenemos en nosotros mismos un cielo y un infierno”.

(Oscar Wilde)

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Londres, 1886. El joven y atractivo aristócrata Dorian Gray (Hurd Hatfield), azuzado por la particular concepción que de la existencia tiene Lord Henry Wotton (George Sanders), vende su alma a cambio de obtener la eterna juventud. Él nunca envejecerá. Sí lo hará, en cambio, un retrato suyo pintado por un artista amigo (Lowell Gilmore).

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Misery (1990), de Rob Reiner.

“Los monstruos son reales, y los fantasmas también: viven dentro de nosotros y, a veces, ellos ganan”.

(Stephen King)

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Cuando se dispone a entregar el manuscrito de su última novela, el escritor de éxito Paul Sheldon (James Caan) sufre un accidente automovilístico en una zona montañosa a causa de una tormenta de nieve. Annie Wilkes (Kathy Bates), una enfermera admiradora de sus libros, lo rescata y decide llevarlo hasta su casa para “cuidar” de él.

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Promesas del este (Eastern Promises, 2007), de David Cronenberg.

“A veces nacer y morir van de la mano”.

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Anna (Naomi Watts) ejerce como matrona en un hospital londinense. Una noche, mientras está de guardia, atiende a una joven rusa que muere durante el parto. A través del diario que encuentra en su bolso, Anna intenta localizar a los familiares de la fallecida para hacerles entrega de la recién nacida. Sin embargo, sus pesquisas la conducen a un lujoso restaurante propiedad de la mafia, donde conoce a Nikolai (Viggo Mortensen), el rudo chófer de la organización.

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El infierno del odio (Tengoku to jigoku, 1963), de Akira Kurosawa.

“La diferencia engendra odio”.

(Stendhal)

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Kingo Gondo (Toshirô Mifune) es un rico empresario de la industria del calzado, que comienza a ser extorsionado cuando el hijo de su chófer es víctima de un secuestro.

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Basada en hechos reales (D’après une histoire vraie, 2017), de Roman Polanski.

“La mayor parte de la escritura se hace lejos de la máquina de escribir”.

(Henry Miller)

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Delphine Dayrieux (Emmanuelle Seigner), escritora de éxito, atraviesa un momento de bloqueo creativo que le impide comenzar con su nueva novela. Durante una firma de libros, en su camino se cruza Elle (Eva Green), una joven desconocida que la admira y pretende ayudarla a salir de esa situación.

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En realidad, nunca estuviste aquí (You Were Never Really Here, 2017), de Lynne Ramsay.

“El peor sufrimiento está en la soledad que lo acompaña”.

(André Malraux)

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Joe (Joaquin Phoenix) es un excombatiente traumatizado y solitario que se dedica a rescatar a chicas menores de las garras de la prostitución. Cierto día, recibe la llamada de un senador para que busque a su hija desaparecida.

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La habitación azul (La chambre bleue, 2014), de Mathieu Amalric.

“Después de dos horas gastadas en obtener el máximo placer de sus cuerpos, permanecían desnudos, prolongando su intimidad carnal, saboreando la armonía establecida no sólo entre ellos, sino con todo lo que les rodeaba”.

(La habitación azul, Georges Simenon)

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Localidad francesa de Saint-Justin. Julien Gahyde (Mathieu Amalric), hombre casado y padre de familia, se ve envuelto en un caso de asesinato vinculado a la relación amorosa que mantiene con otra mujer (Stéphanie Cléau).

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