La favorita (The Favourite, 2018), de Yorgos Lanthimos.

” ¡Tan sagrado es el don de las Musas para los hombres! De las Musas y del flechador Apolo descienden los aedos y citaristas que hay sobre la tierra; y de Zeus, los reyes”.

(Teogonía, Hesíodo)

Inglaterra, siglo XVIII. La reina Ana de Estuardo (Olivia Colman), primera soberana de Gran Bretaña, gobierna asesorada por su súbdita favorita: Lady Sarah (Rachel Weisz). Sin embargo, la llegada a palacio como criada de Abigail (Emma Stone), dama caída en desgracia y prima de Sarah, trastoca pronto la relación entre la monarca y su vieja amiga.

A estas alturas, ya nadie duda de que la de Yorgos Lanthimos es una de las voces más peculiares de la cinematografía europea (y mundial) actual. Películas como Canino (Kynodontas, 2009), Langosta (The Lobster, 2015) o El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer, 2017), son muestras cada vez más estilizadas de las extravagantes querencias temáticas y argumentales de un realizador al alza. Es por eso que de él esperásemos una incursión poco convencional en el cine de época, pese a las dudas que, en principio, generaba el hecho nada común de que el guión de la cinta no llevase su firma. Dudas que enseguida se disipan en favor del cineasta ateniense, quien en The Favourite, su trabajo más accesible, pero también el más redondo, compone una brillantísima y retorcida comedia negra en cuyo tramo final aflora ese hálito de humanidad trágica que tan bien saben plasmar los griegos desde los tiempos de Esquilo.

El filme, que traslada de manera convincente a los espectadores al período final del reinado de Ana de Estuardo (se inspira en hechos y personajes reales), nos presenta a un poderoso triángulo femenino unido por vínculos de amistad, sexo y poder. Rivalidad y ambición enfrentan a los personajes de Weisz y Stone, ambas magníficas, en una encarnizada lucha por ganarse el favoritismo de la hinchada abeja reina: monarca de carácter débil y maleable, de personalidad deprimida y acomplejada; arquetipo patético y decadente de la aristocracia del viejo mundo a las puertas de la ilustración. La de Olivia Colman es una de esas interpretaciones de las que marcan una carrera (obtuvo la Copa Volpi a la Mejor actriz en el Festival de Venecia). Siempre la recordaremos, cual estampa carrolliana, rodeada de conejos.

Deborah Davis y Tony McNamara arman un guión soberbio, estructurado en capítulos y en el que sobresale la dimensión psicológica de sus tres personajes protagónicos. Alude asimismo al contexto histórico de la época (el conflicto bélico de Inglaterra con Francia como parte de la Guerra de Sucesión Española), y a la pugna y conspiraciones por el poder entre torys (Partido Conservador Británico) y whigs (Partido Liberal Británico) característica del sistema parlamentario bipartidista.

En el plano formal, Lanthimos emplea continuamente el gran angular y el ojo de pez, además de contrapicados y ligeros contrapicados, con el fin de “deformar” la imagen de la vida en la corte; ridiculizarla; hacerla grotesca al ralentí.

El uso de exquisitas piezas de música clasica muy bien introducidas, los decorados, el diseño de vestuario, el trabajo de maquillaje y peluquería y una excelente dirección de fotografía a cargo de Robbie Ryan, otorgan a la película una elegante y conseguida reconstrucción de la etapa histórica que retrata.

Notable alto.

Nota: 8/10

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